Pilar Sordo: "No hay que dejar de hacer algo por miedo, hay que hacerlo con miedo"

El miedo es un motor, no una razón para detenerse
Sordo rechaza la idea de que el miedo debe paralizarnos; propone usarlo como combustible para actuar.
Mark

¿Por qué Sordo insiste tanto en que el miedo no debería detenernos? ¿No es el miedo una señal legítima de peligro?

Mimi

Claro que el miedo es una señal, pero Sordo distingue entre paralizarse por miedo y usar el miedo como información. Ella dice que el miedo puede ser un motor. Es la diferencia entre "no hago esto porque tengo miedo" y "hago esto aunque tengo miedo".

Luke

Pero eso es más fácil de decir que de hacer. ¿Sordo ofrece herramientas concretas para actuar con miedo, o solo la idea de que deberíamos hacerlo?

Mark

Buena pregunta. En la entrevista, ¿habla de métodos específicos o es más bien una invitación filosófica?

Mimi

La entrevista se enfoca más en el principio que en la metodología. Ella cuenta que su propia osadía le permitió conectar con el mundo hispanohablante, así que es un poco su testimonio personal.

Luke

Entonces no sabemos si esto funciona para todos o solo para alguien que ya tiene cierta predisposición a la audacia. Eso es importante aclarar.

Mark

Pasemos al tema del lenguaje. ¿Realmente el uso de emoticones debilita nuestras emociones, o simplemente las expresa de otra forma?

Mimi

Sordo cita a un psiquiatra que dice que el ser humano se enferma por falta de palabras. La idea es que cuando reemplazamos palabras por símbolos, perdemos la capacidad de nombrar lo que sentimos con precisión.

Luke

Pero eso es una afirmación fuerte. ¿Hay investigación que lo respalde, o es la interpretación de Sordo sobre lo que dijo Marín? Porque "enfermarse por falta de palabras" suena a una metáfora poderosa, pero no es lo mismo que un diagnóstico clínico.

Mark

¿Y la cuestión de la impaciencia? ¿Es un problema nuevo o siempre existió?

Mimi

Sordo sugiere que es un fenómeno actual, que hemos ido reduciendo la paciencia. Eso afecta cómo nos escuchamos mutuamente. Si yo no tengo paciencia para escucharte, tú tampoco te molestará en contarme realmente lo que te pasa.

Luke

Pero nuevamente, ¿hay datos sobre esto o es una observación clínica? Porque la impaciencia podría tener muchas causas: tecnología, ritmo de vida, economía. Sordo identifica el síntoma pero no necesariamente la raíz.

Mark

¿Y lo de la autopercepción? ¿Eso sí tiene respaldo más sólido?

Mimi

Sordo dice que investigó esto durante ocho años. La idea es que cómo te hablas a ti mismo determina tu amor propio y tu visión del mundo. Es bastante central en su pensamiento.

Luke

Ocho años de investigación es significativo, pero la entrevista no especifica qué tipo de investigación fue, cuántas personas participaron, o cómo se midió. Es una conclusión importante, pero necesitaríamos más detalle para evaluarla completamente.

  • Sordo advierte que la sociedad contemporánea ha convertido el miedo en parálisis, cuando debería ser combustible para actuar con osadía.
  • El vocabulario cotidiano se achica y los emoticones reemplazan las palabras, vaciando las conversaciones de la profundidad necesaria para sostener vínculos reales.
  • La impaciencia mutua cierra el círculo: cada vez nos cuesta más decir lo que sentimos y cada vez el otro tiene menos disposición para escucharlo.
  • El diálogo interno emerge como el verdadero eje: la manera en que cada persona se habla a sí misma moldea su amor propio, su visión del mundo y su capacidad de atravesar duelos.
  • Frente a la exigencia cultural de felicidad permanente, Sordo reivindica la incomodidad como la única señal genuina de que algo en nosotros está listo para transformarse.

En un tiempo que premia la velocidad y la comodidad, la psicóloga chilena Pilar Sordo propone una mirada distinta: el miedo no es una puerta cerrada, sino el umbral desde el cual se inicia el movimiento verdadero. Conversando con LA NACION, Sordo trazó una línea entre el lenguaje que nos empobrece y el diálogo interno que nos define, recordándonos que la forma en que nos hablamos a nosotros mismos es, en última instancia, la arquitectura invisible de nuestras vidas.

Pilar Sordo se sentó con LA NACION para hablar de algo que ha recorrido toda su carrera: la relación entre el miedo y la acción. Su postura fue clara desde el inicio: no se trata de esperar a que el miedo desaparezca, sino de aprender a moverse dentro de él. Para Sordo, el miedo es un motor, no un obstáculo, y esa disposición a avanzar con incomodidad fue precisamente lo que le permitió construir una conexión profunda con miles de personas en el mundo hispanohablante.

Pero la conversación no se quedó ahí. Sordo señaló que el lenguaje cotidiano se ha ido empobreciendo de manera preocupante: usamos menos palabras, recurrimos a emoticones y perdemos con ello la capacidad de expresar lo que realmente ocurre en nuestro interior. Citando al psiquiatra José Luis Marín, planteó que el ser humano se enferma por falta de palabras. A esto se suma la impaciencia de la época: no solo nos cuesta decir lo que sentimos, sino que quienes nos rodean tienen cada vez menos paciencia para escucharnos. El resultado es un monólogo interrumpido donde nadie se siente verdaderamente atendido.

Después de ocho años investigando el diálogo interno, Sordo llegó a una conclusión central: la forma en que cada persona se habla a sí misma determina su amor propio y su percepción del mundo entero. La autopercepción no es un asunto privado; es el filtro a través del cual experimentamos la realidad, procesamos los duelos y definimos nuestro propósito de vida.

Finalmente, Sordo cuestionó la exigencia social de felicidad constante. Para ella, la incomodidad no es un problema a resolver, sino una invitación genuina al crecimiento. El desajuste y la molestia son señales de que algo necesita cambiar. Pretender que el proceso de maduración sea cómodo, advirtió, es renunciar a la posibilidad misma de transformación.

Pilar Sordo, psicóloga y escritora chilena, se sentó con José del Río para conversar con LA NACION sobre un tema que ha marcado su carrera: la relación entre el miedo y la acción. Su mensaje fue directo. No se trata de eliminar el miedo antes de actuar, sino de aprender a moverse dentro de él. "No hay que dejar de hacer algo por miedo. Para mí, el miedo es un motor, un estimulador", explicó con una cierta complicidad hacia quienes la escuchan. Esa capacidad de avanzar a pesar de la incomodidad, esa osadía y hasta esa falta de vergüenza, fueron precisamente lo que le permitió acercarse al mundo hispanohablante y construir una conexión profunda con miles de personas.

Pero Sordo no se detuvo en la cuestión del miedo. Durante la entrevista, desplazó el foco hacia algo que considera igualmente crítico: la forma en que hablamos y cómo eso erosiona nuestros vínculos. Observó que las personas utilizan cada vez menos vocabulario en sus conversaciones cotidianas, un empobrecimiento del lenguaje que tiene consecuencias reales. Cuando reducimos nuestras palabras, reducimos también nuestra capacidad de expresar lo que sucede en nuestro interior. Citando al psiquiatra español José Luis Marín, Sordo planteó una idea inquietante: el ser humano se enferma por falta de palabras. El intercambio de lenguaje por emoticones, por ejemplo, afecta directamente la profundidad de nuestros vínculos emocionales.

Lo que agrava el problema es la impaciencia que caracteriza a la época. No solo nos cuesta cada vez más decir lo que nos sucede, sino que quienes nos escuchan tienen menos paciencia para realmente atendernos. "Hemos ido reduciendo la paciencia, porque no solo me cuesta decirte lo que me pasa, sino que cada vez tú tienes menos paciencia para escucharme a mí", señaló. Este círculo vicioso impide que las conversaciones genuinas florezcan. Una verdadera conversación, según Sordo, requiere que ambas personas se expongan a transformarse por lo que el otro dice. Sin esa apertura, lo que queda es apenas un monólogo interrumpido, donde nadie realmente se siente escuchado ni atendido.

Sordo ha dedicado ocho años a investigar cómo nos hablamos a nosotros mismos y qué impacto tiene eso en nuestras vidas. Sus conclusiones apuntan a algo fundamental: la forma en que cada persona se habla a sí misma determina su amor propio y define su percepción del mundo entero. Si alguien se ve a sí mismo como una persona confiable y noble, proyecta esa confiabilidad hacia su entorno. Si, en cambio, se habla con dureza o descreimiento, eso también se irradia. La autopercepción no es un asunto privado; es el filtro a través del cual experimentamos la realidad.

Esta autopercepción, según la psicóloga, define mucho más de lo que podría parecer a primera vista. Determina cómo procesamos nuestros duelos, cómo definimos nuestro propósito de vida, cómo expresamos nuestras emociones. "Cómo te hablas define tu amor propio y tu visión del mundo", resumió. El diálogo interno es el motor que impulsa todas nuestras relaciones y decisiones posteriores. No es un lujo psicológico; es la base sobre la cual construimos nuestras vidas.

Finalmente, Sordo cuestionó una exigencia social que considera perniciosa: la demanda constante de felicidad. La sociedad contemporánea presiona a las personas a estar siempre bien, siempre contentas, siempre positivas. Pero para Sordo, esa incomodidad que muchos evitan es en realidad la única invitación genuina al crecimiento. La molestia, el desajuste, la incomodidad son señales de que algo necesita cambiar, de que nuestras prioridades requieren revisión. El proceso de maduración no es cómodo, y pretender que lo sea es renunciar a la posibilidad misma de transformación.

No hay que dejar de hacer algo por miedo. Para mí, el miedo es un motor, un estimulador.
— Pilar Sordo
Cómo te hablas define tu amor propio y tu visión del mundo
— Pilar Sordo
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