Desde las profundidades del Atlántico Sur hasta las costas del Golfo de Guinea, Petrobras extiende su alcance hacia África Occidental, formalizando contratos para operar ocho bloques marinos en Costa de Marfil con una participación del 90%. Este movimiento, acompañado de negociaciones paralelas en Ghana, revela la ambición de una corporación sudamericana por inscribirse en el mapa energético global, buscando en suelos ajenos las reservas que alimentarán el futuro. Como tantas veces en la historia del petróleo, la promesa del recurso convoca tanto la esperanza del desarrollo como las preguntas