En un mundo donde la geopolítica y la transición energética reconfiguran constantemente los flujos de combustible, Petrobras ha elegido la certeza sobre la especulación: un contrato de veinte años con la estadounidense Sempra Infrastructure garantizará a la petrolera brasileña 800.000 toneladas anuales de gas natural licuado. Firmado desde Río de Janeiro, el acuerdo no es solo una transacción comercial, sino una declaración de que la seguridad energética —más que el precio óptimo del momento— se ha convertido en el bien más preciado para las grandes economías industriales.