Cuatro días después de dejar la Presidencia de Colombia, Gustavo Petro presentó ante el Senado una solicitud formal de permiso para salir del país durante el próximo año, invocando compromisos académicos y políticos en el exterior. No se trata de un privilegio sino de una obligación constitucional: la misma norma que ha regido a todos sus predecesores exige que todo expresidente obtenga autorización senatorial antes de cruzar las fronteras durante los doce meses posteriores a su mandato. En este gesto burocrático, casi ritual, se condensa algo más profundo: el momento en que el poder se convie