En el Palacio de Gobierno de Lima, Keiko Fujimori y Marco Rubio sellaron la incorporación de Perú al Escudo de las Américas, la coalición de seguridad hemisférica impulsada por la administración Trump. El gesto formaliza un reposicionamiento estratégico del país andino —uno de los mayores productores de cocaína del mundo— dentro de la arquitectura de influencia estadounidense en la región. Como tantas veces en la historia latinoamericana, la lucha contra una amenaza real se entrelaza con la lógica del poder geopolítico.