En el umbral de septiembre de 2026, Perú eligió el lenguaje solemne del derecho internacional para trazar una línea frente a Irán: la ruptura diplomática formal, sustentada en la Convención de Viena de 1961, no es un gesto impulsivo sino la culminación de reclamos acumulados sobre represión interna, bloqueo nuclear y perturbación del comercio global. Lima actúa desde su histórica vocación pacifista, recordándonos que incluso el silencio diplomático puede ser una forma de hablar con claridad sobre los valores que una nación se niega a negociar.