En un país que ya conoce el peso de las epidemias, Perú enfrenta en 2026 una nueva temporada de dengue con setenta y cinco muertos —veinticinco de ellos niños— y una campaña de vacunación que, pese a una inversión de casi treinta y dos millones de soles, apenas ha alcanzado al veintinueve por ciento de su población objetivo. La distancia entre lo prometido y lo cumplido no es solo administrativa: es la medida de una vulnerabilidad que se agrava justo cuando el calor y las lluvias se aproximan, multiplicando los criaderos del mosquito que transmite la enfermedad. La historia de un niño de nueve
Perú gasta S/31,9 millones en vacunas contra dengue pero 7 de cada 10 personas aún sin primera dosis
Siete de cada diez personas en la meta aún no habían recibido su primera inyección
¿Por qué el Perú compró casi treinta y dos millones de soles en vacunas si sabía que la epidemia de dengue era grave?
El Gobierno sí sabía. Después de las epidemias de dos mil veintitrés y dos mil veinticuatro, amplió su estrategia de vacunación. El problema no fue la compra, sino que la gente no se vacunó.
Pero espera. ¿Cuántas dosis llegaron realmente? Cuatrocientos cuarenta y cuatro mil, según el texto. ¿Y cuántas se aplicaron? Cincuenta y tres mil. Eso es el doce por ciento de lo que llegó.
Exacto. Las autoridades organizaron jornadas en escuelas y centros de salud, pero muchos padres no autorizaron la vacunación de sus hijos.
¿Hay alguna razón documentada para esa negativa? ¿Desconfianza, desinformación, algo más?
El texto no lo dice. Solo menciona que hubo "poca acogida" al llamado de San Martín. No sabemos por qué los padres se negaron.
Lo que sí sabemos es que mientras tanto, el dengue se duplicó respecto a 2025 y ya ha matado a setenta y cinco personas, incluyendo veinticinco niños.
¿Y eso incluye al niño de Shapaja y al joven de Lambayeque que mencionan?
Sí. El niño de nueve años de Shapaja fue una de las primeras señales de la epidemia. El joven de veintiuno años de Motupe esperó demasiado para ir al hospital y murió.
Pero eso es un problema diferente al de la vacunación. Ese joven murió por atención tardía, no porque no estuviera vacunado. ¿Cuántas de las setenta y cinco muertes podrían haberse evitado con vacunación?
No lo sabemos. La vacuna requiere dos dosis separadas por tres meses. Incluso si se hubiera aplicado más rápido, no habría protegido a todos los que enfermaron este año.
Entonces, ¿cuál es el verdadero problema aquí? ¿La compra insuficiente, la distribución lenta, o la falta de aceptación?
Los tres. Pero el texto es más fuerte en documentar la falta de aceptación. Loreto solo alcanzó el seis punto tres por ciento de su meta. Eso no es un problema de suministro; es un problema de confianza o de comunicación.
Y mientras eso sucede, se acerca la temporada de lluvias y calor, que favorece la reproducción del mosquito. El país está entrando en los meses más peligrosos sin haber vacunado a la mayoría de su población objetivo.
El Pulso
- Los casos de dengue se han más que duplicado respecto al año anterior, con más de 66.000 contagios registrados hasta septiembre y 75 muertes confirmadas, ocho de ellas en niños menores de cinco años.
- El país adquirió 444.780 dosis de vacuna con fondos públicos, pero al 11 de octubre solo había aplicado 53.643 primeras dosis de una meta de 184.231, dejando a siete de cada diez personas objetivo sin protección.
- Loreto, una de las regiones más expuestas, alcanza apenas el 6,3% de cobertura; en San Martín, la región con más muertes, la campaña llega a octubre sin haber completado ni la mitad de su meta.
- La resistencia de los padres a autorizar la vacunación de sus hijos y la atención tardía en casos graves —como el joven de Lambayeque que recurrió a remedios caseros hasta que fue demasiado tarde— agravan una crisis que el sistema de salud no logra contener.
- Con la temporada de lluvias y calor a punto de comenzar, el mosquito Aedes aegypti encontrará condiciones ideales para reproducirse, y la brecha en la vacunación deja al país expuesto a una expansión aún mayor de la epidemia.
En un país que ya conoce el peso de las epidemias, Perú enfrenta en 2026 una nueva temporada de dengue con setenta y cinco muertos —veinticinco de ellos niños— y una campaña de vacunación que, pese a una inversión de casi treinta y dos millones de soles, apenas ha alcanzado al veintinueve por ciento de su población objetivo. La distancia entre lo prometido y lo cumplido no es solo administrativa: es la medida de una vulnerabilidad que se agrava justo cuando el calor y las lluvias se aproximan, multiplicando los criaderos del mosquito que transmite la enfermedad. La historia de un niño de nueve años en Shapaja y la de un joven de veintiuno en Lambayeque recuerdan que el dengue no espera a que los sistemas estén listos.
En mayo, un niño de nueve años murió de dengue en Shapaja, un pequeño distrito de la región amazónica de San Martín. Su muerte fue el primer aviso de una epidemia que en 2026 ha golpeado con especial dureza a los más jóvenes: hasta finales de septiembre, el dengue había dejado setenta y cinco muertos en el país, veinticinco de ellos niños y adolescentes, ocho menores de cinco años. San Martín encabeza el recuento con diecinueve fallecimientos, y aun así llega a octubre habiendo cumplido menos de la mitad de su meta de vacunación.
El Ministerio de Salud invirtió S/31,9 millones en vacunas adquiridas a través de la OPS y recibió más de 444.000 dosis entre julio y agosto. Cuando llegó el primer lote, el entonces ministro Luis Dyer declaró que el dengue no espera. Dos meses después, los números oficiales contradicen esa urgencia: al 11 de octubre, solo se habían aplicado 53.643 primeras dosis de una meta de 184.231. Siete de cada diez personas en la población objetivo seguían sin vacunar.
La situación más crítica se vive en Loreto, donde apenas el 6,3% de la meta ha sido cubierta. Ucayali no llega al 13%. Incluso La Libertad, la región con mejor desempeño, apenas supera el 52%. Las autoridades organizaron jornadas en escuelas y centros de salud, pero muchos padres se negaron a firmar las autorizaciones. El llamado público de la Dirección Regional de Salud de San Martín en agosto tuvo escasa respuesta.
La vacunación, además, es solo una parte del problema. Un joven de veintiún años de Motupe, en Lambayeque, pasó varios días en casa intentando aliviar los síntomas con remedios tradicionales. Cuando llegó al centro de salud el 24 de abril ya presentaba dengue grave; fue trasladado de emergencia al Hospital Regional y murió en la madrugada siguiente. El gerente regional de Salud explicó que muchos casos fatales ocurren por no llegar a tiempo. Con la temporada de lluvias y calor aproximándose, y los casos ya duplicados respecto a 2025, la brecha en la cobertura deja al país en una posición frágil ante lo que viene.
En mayo, un niño de nueve años murió de dengue en Shapaja, un distrito pequeño en la región amazónica de San Martín. Después de su muerte, los equipos de salud encontraron a catorce personas más con síntomas de la enfermedad en la misma zona y aumentaron los esfuerzos para controlar al mosquito transmisor. Su fallecimiento fue apenas el primer aviso de una epidemia que este año ha afectado con particular severidad a los menores de edad.
Hasta finales de septiembre, el dengue había dejado setenta y cinco muertes confirmadas en el país, veinticinco de ellas niños y adolescentes. Ocho de esas víctimas tenían menos de cinco años. El Ministerio de Salud incluye en su registro tanto defunciones directamente atribuidas a la enfermedad como otras aún en investigación. San Martín, la región donde murió el niño de Shapaja, encabeza el país con diecinueve fallecimientos por dengue en lo que va de 2026. A pesar de esta crisis, la región llega a octubre habiendo cumplido menos de la mitad de su meta de primeras dosis de vacunación. El patrón se repite en la mayoría de las ocho regiones priorizadas para la campaña.
El Ministerio de Salud destinó treinta y uno punto nueve millones de soles para adquirir vacunas a través de la Organización Panamericana de la Salud, recibiendo cuatrocientos cuarenta y cuatro mil setecientos ochenta dosis entre julio y agosto. Cuando el primer lote llegó el treinta de julio, el entonces ministro Luis Dyer declaró que el dengue no espera y que cada vacuna representaba una oportunidad para evitar hospitalizaciones graves y salvar vidas. Dos meses después, los números oficiales revelan una brecha enorme entre lo comprado y lo aplicado.
Al once de octubre, el país había administrado apenas cincuenta y tres mil seiscientas cuarenta y tres primeras dosis frente a una meta nacional de ciento ochenta y cuatro mil doscientos treinta y uno. Esto significa que siete de cada diez personas en la población objetivo aún no habían recibido su primera inyección. La situación es especialmente alarmante porque el país se aproxima a los meses de calor y lluvia que favorecen la reproducción del mosquito Aedes aegypti. Además, la enfermedad ya causa más daño que el año anterior: hasta la semana epidemiológica treinta y nueve se notificaron sesenta y seis mil ochocientos veintidós casos, más del doble que en el mismo período de dos mil veinticinco.
El Gobierno sabía del riesgo. Después de las grandes epidemias de dengue de dos mil veintitrés y dos mil veinticuatro, que dejaron cientos de muertos, el Ministerio amplió su estrategia de vacunación para proteger a niños, adolescentes y jóvenes en las regiones priorizadas. La vacuna requiere dos dosis separadas por tres meses. El siete de agosto, el ministerio anunció la distribución de casi doscientas mil dosis a Piura, Lambayeque, San Martín, Ucayali y La Libertad, con entregas programadas también para Loreto y Tumbes. Más de dos meses después, los registros oficiales muestran que la campaña está muy lejos de sus objetivos.
Loreto presenta la situación más crítica: apenas mil quinientas diez personas habían recibido la primera dosis frente a una meta de veinticuatro mil ciento diecinueve, equivalente al seis punto tres por ciento. Ucayali también registra un avance muy bajo, con apenas el doce punto tres por ciento de su población objetivo vacunada. Incluso La Libertad, que muestra el mayor progreso entre las regiones examinadas, apenas supera el cincuenta y dos punto tres por ciento de su meta. Las autoridades han organizado jornadas de vacunación en escuelas y centros de salud, pero muchos padres se han negado a autorizar la aplicación. El once de agosto, la Dirección Regional de Salud de San Martín pidió públicamente a los padres que firmaran autorizaciones para vacunar a sus hijos, pero el llamado tuvo poca respuesta.
La vacunación es solo una parte de la respuesta frente a una enfermedad que puede agravarse en pocos días. Un joven de veintiuno años de Motupe, en Lambayeque, pasó varios días enfermo en su casa. Sus familiares intentaron aliviar los síntomas con preparados tradicionales. Cuando finalmente llegó al centro de salud el veinticuatro de abril, ya presentaba signos de dengue grave. Fue trasladado de emergencia al Hospital Regional de Lambayeque y murió durante la madrugada siguiente, entre cinco y siete días después de que aparecieron los primeros síntomas. El gerente regional de Salud de Lambayeque explicó entonces que muchos casos fatales ocurren por no llegar a tiempo a un hospital. Con la temporada de lluvias y calor aproximándose, la enfermedad podría expandirse aún más, y la brecha en la cobertura de vacunación deja al país vulnerable.
Citas Notables
El dengue no espera y nosotros tampoco— Luis Dyer, entonces ministro de Salud, al anunciar la llegada del primer lote de vacunas el treinta de julio
Muchos casos fatales ocurren por no llegar a tiempo a un hospital— Yonny Ureta, gerente regional de Salud de Lambayeque, explicando las circunstancias del fallecimiento del joven de Motupe