Cada agosto, la Tierra cruza el rastro de polvo cósmico que un cometa dejó hace siglos, y el cielo responde con destellos fugaces que los humanos han contemplado con asombro desde tiempos inmemoriales. En 2026, ese encuentro anual llega en condiciones excepcionales: la luna nueva coincide exactamente con el pico de las Perseidas, dejando el firmamento en una oscuridad que amplifica cada trazo de luz. Es un recordatorio de que el universo, de vez en cuando, nos ofrece una ventana sin obstáculos hacia su inmensidad.