Persei Space desarrolla amarras electrodinámicas para eliminar basura espacial sin combustible

El satélite tiene que estar operativo para desorbitarse, y muchos no lo están
Muñoz explica por qué los satélites muertos se quedan en órbita y cómo su tecnología resuelve ese problema.
Mark

¿Por qué es tan urgente resolver esto ahora? Parece que la basura espacial ha estado ahí durante años.

Mimi

Porque está creciendo exponencialmente. Cada colisión genera más fragmentos, y esos fragmentos pueden chocar con otros satélites. Es un efecto cascada que podría hacer que ciertas órbitas sean inutilizables.

Luke

Pero espera, ¿cuánta basura realmente causa problemas? Once mil toneladas suena enorme, pero ¿cuántas colisiones reales ha habido?

Mimi

Eso es lo que nadie quiere que suceda. El riesgo es potencial, pero es por eso que se toman medidas ahora, antes de que sea demasiado tarde.

Mark

¿Y esta tecnología de amarras electrodinámicas es completamente nueva?

Mimi

No, es investigación que ha estado en desarrollo durante años en universidades europeas. Lo nuevo es que Persei Space la está llevando del laboratorio al mercado.

Luke

Entonces, ¿cuándo estará disponible? ¿Cuándo veremos satélites con esta tecnología en órbita?

Mimi

Eso aún no está claro. Muñoz dice que el sector es conservador, así que la adopción será gradual. Pero si funciona como se espera, podría ser un cambio importante.

Mark

¿Y si no funciona? ¿Qué pasa si las amarras fallan o no se despliegan correctamente?

Mimi

Esa es la razón por la que necesita estar completamente madura antes de que la industria la adopte. Tiene que ser confiable.

Luke

El dos por ciento de reducción para 2032 que menciona Muñoz, ¿es un objetivo realista o es más bien una esperanza?

Mimi

Es un escenario si se adopta ampliamente. Pero eso depende de que los fabricantes de satélites la integren en sus diseños, y eso toma tiempo.

  • Más de 35.000 objetos de más de diez centímetros orbitan la Tierra sin control, poniendo en riesgo el internet, el GPS y la observación climática que la civilización moderna da por sentados.
  • El problema se agrava porque los satélites que mueren al final de su vida útil quedan atrapados en órbita, ya que los sistemas actuales de desorbitación exigen que el satélite siga operativo.
  • Persei Space propone amarras electrodinámicas integradas en los satélites que, al activarse, interactúan con el campo magnético terrestre para reducir la órbita del aparato hasta que se desintegra en la atmósfera.
  • La tecnología no requiere combustible, no contamina, funciona de forma autónoma y es reversible, lo que abre posibilidades para maniobras orbitales más allá de la simple eliminación de basura.
  • Si la industria espacial —conocida por su conservadurismo— adopta la solución a escala, Persei Space proyecta reducir un 2% de la basura en órbita baja para 2032, un avance modesto pero significativo en un problema que no admite soluciones instantáneas.

En las alturas invisibles que rodean la Tierra se acumula silenciosamente una herencia no deseada de la era espacial: más de once mil toneladas de escombros que amenazan la infraestructura invisible de la que depende la vida moderna. Desde la Universidad Carlos III de Madrid, la empresa Persei Space ha desarrollado una respuesta que no combate la naturaleza sino que la aprovecha, usando el magnetismo terrestre y la ionosfera para devolver los satélites muertos a la atmósfera sin combustible ni intervención humana. Es un recordatorio de que los problemas más urgentes del futuro a veces se resuelven con la elegancia de lo que ya existe.

Más de once mil toneladas de escombros flotan en órbita alrededor de la Tierra: fragmentos de satélites muertos, restos de cohetes, piezas de misiones olvidadas. La Agencia Espacial Europea contabiliza más de treinta y cinco mil objetos de más de diez centímetros. Es basura que nadie recoge en un lugar donde nadie puede limpiar.

Esta acumulación amenaza los satélites que transmiten internet, proporcionan señales GPS y monitorean el clima. Jesús Manuel Muñoz Tejeda, doctor en Aeronáutica y cofundador de Persei Space, lo plantea con claridad: si no se interviene, llegará un momento en que muchos satélites dejarán de funcionar, y con ellos, las comunicaciones que dependen de ellos.

Persei Space nació dentro de la Universidad Carlos III de Madrid, donde el equipo fundador —que incluye al catedrático Gonzalo Sánchez y al profesor Manuel Sanjurjo, junto a investigadores de universidades italianas y alemanas— consolidó años de investigación financiada con fondos públicos europeos. La empresa se formalizó en 2023 tras un proceso que comenzó en 2019.

Su solución es conceptualmente elegante: amarras electrodinámicas, similares a una cinta métrica enrollable, integradas en los satélites. Al terminar la misión, la amarra se despliega apuntando hacia la Tierra, interactúa con la ionosfera y el campo magnético terrestre, genera resistencia y reduce la órbita hasta que el satélite se desintegra en la atmósfera. Sin combustible, sin contaminación, aprovechando únicamente el magnetismo del planeta. El sistema es escalable entre cincuenta y mil kilogramos, y además reversible: puede empujar un satélite hacia arriba en lugar de bajarlo.

Lo que distingue esta tecnología es su autonomía. Los sistemas actuales requieren que el satélite esté operativo para desorbitarse, lo que condena a muchos aparatos al final de su vida útil a convertirse en basura permanente. Las amarras electrodinámicas no dependen de que el satélite funcione.

Muñoz reconoce que el sector espacial es conservador y que la adopción industrial será gradual. Aun así, proyecta que una implementación amplia podría reducir un dos por ciento de la basura en órbita baja para 2032. Suena pequeño, pero él lo califica como un hito relevante: el tipo de progreso que se construye paso a paso, con la certeza de que algo debe cambiar antes de que el espacio se vuelva demasiado peligroso para seguir usándolo.

Más de once mil toneladas de escombros flotan en órbita alrededor de la Tierra. No son visibles desde aquí abajo, pero están ahí: fragmentos de satélites muertos, restos de cohetes, piezas de misiones abandonadas hace décadas. La Agencia Espacial Europea contabiliza más de treinta y cinco mil objetos de más de diez centímetros. Es basura que nadie recoge, en un lugar donde nadie puede limpiar.

Esta acumulación silenciosa representa una amenaza real a los servicios que la civilización moderna da por sentado. Los satélites que transmiten internet, los que proporcionan señales GPS, los que monitorean el clima: todos comparten el mismo espacio congestionado. Jesús Manuel Muñoz Tejeda, doctor en Aeronáutica y cofundador de Persei Space, una empresa nacida dentro de la Universidad Carlos III de Madrid, lo plantea sin dramatismo pero con claridad: si no se interviene, llegará un momento en que muchos satélites simplemente dejarán de funcionar, y con ellos, las comunicaciones que dependen de ellos.

Persei Space desarrolla una respuesta que comenzó a tomar forma en 2019 y se convirtió en empresa en 2023. El equipo fundador incluye a Muñoz, Gonzalo Sánchez (catedrático de Ingeniería Aeroespacial en la UC3M), Manuel Sanjurjo (profesor especializado en dinámica orbital) e investigadores de universidades italianas y alemanas. Juntos han consolidado años de investigación financiada con fondos públicos europeos, trabajo que Muñoz subraya que no habría existido sin ese apoyo institucional. La tecnología también incorpora avances de la Universidad de Padua, la de Dresde y de la empresa Sener Aerospacial.

La solución es elegante en su concepto: amarras electrodinámicas, similares a una cinta métrica enrollable, integradas en los satélites. Cuando la misión termina, se activa la amarra y se despliega apuntando hacia la Tierra. Allí interactúa con la ionosfera y el campo magnético terrestre, generando una fuerza de resistencia que reduce la órbita del satélite hasta que se desintegra en la atmósfera. El sistema funciona sin combustible, sin contaminación, aprovechando únicamente dos ingredientes naturales: el magnetismo del planeta y la ionosfera. Está diseñado para satélites de menos de mil kilos, aunque la tecnología es escalable: sirve desde los cincuenta kilos hasta el límite de mil, solo hay que ajustar el tamaño de la cinta.

Lo que distingue esta solución es su autonomía. Los sistemas actuales requieren que el satélite esté operativo para desorbitarse, lo que significa que muchos satélites al final de su vida útil, cuando ya no funcionan, quedan atrapados en órbita convirtiéndose en basura. Las amarras electrodinámicas no dependen de que el satélite esté activo. Además, la tecnología es reversible: puede usarse para empujar un satélite hacia arriba en lugar de bajarlo, abriendo posibilidades para maniobras orbitales más complejas.

Muñoz reconoce que el sector espacial es conservador. Introducir una tecnología nueva requiere que esté completamente madura antes de que la industria la adopte. Aun así, proyecta que si se implementa ampliamente, podría reducir un dos por ciento de la basura en órbita baja para 2032. Suena pequeño en números, pero Muñoz lo califica como un hito relevante. Es el tipo de progreso que se construye paso a paso, sin promesas de soluciones totales, pero con la certeza de que algo debe cambiar antes de que el espacio se vuelva demasiado peligroso para seguir usándolo.

Si no se ponen medidas puede acarrear problemas de acceso al espacio del que dependemos para muchas cosas: internet, GPS, observación del clima
— Jesús Manuel Muñoz Tejeda, cofundador de Persei Space
Si no existiese el dinero público no existiría esta investigación
— Jesús Manuel Muñoz Tejeda
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