Sin la capacidad de disentir, la democracia es solo una cáscara vacía
En 2025 se registraron 140 casos de persecución: 32 escritores encarcelados, 26 acosados, 23 enfrentando acoso judicial y 12 desaparecidos. Gobiernos utilizan represión transnacional, juicios en ausencia, amenazas de extradición y desinformación amplificada por IA contra periodistas y escritores.
- 140 casos de persecución documentados en 2025: 32 encarcelados, 26 acosados, 23 enfrentando acoso judicial, 12 desaparecidos
- En Sudán, 90% de sedes de medios destruidas; periodistas activos cayeron de 1.500 a 250-300
- Fuerzas rusas han asesinado al menos 255 figuras culturales en Ucrania
- PEN International otorgó 84 subvenciones de emergencia: 21 a Gaza, 16 a Myanmar, 7 a Afganistán, 6 a Turquía
PEN International documenta 140 casos de persecución de escritores en 2025, incluyendo encarcelamientos, amenazas y exilio forzado, alertando sobre gobiernos que silencian expresiones críticas.
Cada año, cuando llega el Día Mundial del Libro, PEN International publica un informe que documenta lo que sucede cuando los gobiernos deciden que ciertas palabras son demasiado peligrosas. Este año, el número es 140: ciento cuarenta casos de escritores perseguidos en 2025, distribuidos entre encarcelamientos, amenazas, desapariciones forzadas y exilios que nadie eligió.
Enrique Yeves, presidente de PEN España y él mismo escritor y periodista, lo expresó con claridad: la libertad de expresión no es un regalo que los gobiernos otorguen cuando se sienten generosos. Es un derecho humano fundamental, tan básico como respirar. Sin la capacidad de disentir, de cuestionar, de imaginar futuros distintos al que el poder ofrece, la democracia se convierte en poco más que una palabra vacía. Cuando un gobierno persigue a un escritor por lo que escribió, no está atacando solo a una persona. Está atacando el derecho de toda una sociedad a exigir rendición de cuentas, a pensar diferente, a ser libre.
Los números que PEN Internacional documentó en 2025 cuentan historias específicas. Treinta y dos escritores fueron encarcelados. Veintiséis sufrieron acoso sistemático. Veintitrés enfrentaron procesos judiciales diseñados para intimidar más que para juzgar. Doce desaparecieron, y nadie sabe dónde están. Entre ellos, la periodista india Rana Ayyub sigue recibiendo amenazas de muerte por su trabajo investigativo. El premio Nobel bielorruso Ales Bialiatski fue liberado, pero solo para descubrir que su país ya no era seguro; tuvo que exiliarse. En El Salvador, el periodista y autor Óscar Enrique Martínez D'Aubuisson huyó tras recibir amenazas de muerte, con reportes de una orden de detención en su contra por haber publicado entrevistas que exponían supuestos vínculos entre funcionarios del gobierno y pandillas criminales. En Eritrea, doce escritores y periodistas llevan casi veinticinco años desaparecidos. El poeta argelino Mohamed Tadjadit ha sido encarcelado repetidas veces por sus escritos y su activismo.
La represión ha evolucionado. Ya no se limita a las fronteras nacionales. Los gobiernos ahora persiguen a escritores que viven en el exilio mediante juicios en ausencia, amenazas de extradición y acoso a sus familias. Utilizan la desinformación amplificada por inteligencia artificial para desacreditar a periodistas y escritores, distorsionando el debate público. En Filipinas, María Ressa, ganadora del Premio Nobel de la Paz, ha sufrido años de acoso judicial y ataques en línea por sus reportajes sobre redes de desinformación. La censura de libros está aumentando en Estados Unidos, Canadá, Cuba, México y Turquía, dirigida especialmente contra obras que abordan género, igualdad racial y temas LGBTQI. En Jerusalén Este, fuerzas israelíes confiscaron libros de una librería palestina y detuvieron brevemente a sus propietarios, el escritor y librero Mahmoud Muna y su sobrino Ahmad Muna.
Los conflictos armados han devastado la vida cultural en múltiples regiones. En Ucrania, fuerzas rusas han asesinado al menos a doscientos cincuenta y cinco figuras culturales: escritores, artistas, historiadores. En Sudán, hasta el noventa por ciento de las sedes de medios de comunicación fueron destruidas y veintisiete periódicos se vieron obligados a cerrar. El número de periodistas activos cayó de mil quinientos antes de la guerra a entre doscientos cincuenta y trescientos; solo unos setenta siguen trabajando dentro del país. En Gaza, los bombardeos han destruido hogares, bibliotecas y espacios culturales, desplazando a escritores y artistas. En Haití, la violencia de bandas criminales ha restringido la vida cultural y el acceso a la información. Las mujeres y niñas de Afganistán están entre las más afectadas por los recortes en ayuda internacional que están socavando el apoyo humanitario, la educación y la vida cultural.
Ante esta realidad, PEN International no solo documenta. Actúa. En colaboración con su Fondo de Emergencia, concedió ochenta y cuatro subvenciones de emergencia a escritores en riesgo. Veintiuna fueron para escritores palestinos de Gaza. Dieciséis para Myanmar. Siete para Afganistán. Seis para Turquía. Cuatro para Bielorrusia. Dos para Etiopía. Dos para Nicaragua. Escritores de diecisiete países más también recibieron apoyo. Seis subvenciones adicionales fueron concedidas a escritores de Bielorrusia que fueron liberados pero obligados al exilio.
El informe también documenta lo que PEN Internacional llama "importantes victorias". El escritor mozambiqueño Alex Barga fue absuelto y liberado. Hadi Matar fue condenado por el ataque a Salman Rushdie. La escritora filipina Amanda Echanis fue absuelta. El periodista ucraniano Vladyslav Yesypenko fue liberado. El escritor británico-egipcio Alaa Abd El-Fattah recuperó su libertad. Son victorias pequeñas en un panorama global oscuro, pero son victorias. PEN International ahora insta a fortalecer la cooperación multilateral, defender el Estado de derecho y garantizar rendición de cuentas por crímenes internacionales, incluyendo genocidio y apartheid. Sin eso, advierte, la persecución seguirá.
Citações Notáveis
La libertad de expresión no es un privilegio concedido por los gobiernos, sino un derecho humano inalienable. Cuando se persigue a un escritor por su obra, se ataca el derecho de toda la sociedad a imaginar futuros distintos y a exigir rendición de cuentas.— Enrique Yeves, presidente de PEN España
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué PEN International publica este informe cada año? ¿Qué cambia realmente?
Porque el silencio es cómplice. Cada nombre documentado, cada número registrado, es una prueba de que esto está sucediendo. Sin documentación, es fácil para los gobiernos negar, minimizar, olvidar.
Pero 140 casos en un año... ¿eso es más que antes o menos?
Lo que importa es que sigue siendo 140 demasiados. Pero lo preocupante es cómo ha cambiado la naturaleza de la represión. Ya no es solo encarcelamiento. Ahora es desinformación, acoso transnacional, persecución de familias. Es más sofisticado, más difícil de combatir.
¿Y las subvenciones de emergencia? ¿Realmente ayudan?
Son un salvavidas, no una solución. Permiten que un escritor escape, que continúe su trabajo en el exilio, que sobreviva. Pero idealmente, no deberían ser necesarias. Un escritor no debería tener que huir de su país por escribir la verdad.
¿Qué diferencia hay entre un gobierno que censura y uno que simplemente no protege la libertad de expresión?
La diferencia es la intención. Un gobierno que censura activamente persigue, intimida, desaparece. Uno que no protege simplemente mira hacia otro lado mientras otros lo hacen. Ambos son peligrosos, pero uno es violencia activa y el otro es negligencia cómplice.
¿Crees que estos informes realmente cambian algo?
Cambian la narrativa. Hacen que sea más difícil para los gobiernos negar lo que está sucediendo. Y a veces, la presión internacional libera a alguien. No es suficiente, pero es algo.