En el estadio de Lille, Manuel Pellegrini observó cómo su Real Betis no solo ganaba un partido de Champions League, sino que afirmaba una identidad: la de un equipo que no viaja a Europa a sobrevivir, sino a competir. La victoria 3-2, conseguida remontando dos veces, fue la primera respuesta a una pregunta que el fútbol siempre formula a quienes aspiran a más. Para el técnico chileno, llegar al torneo nunca fue suficiente; lo que importa es lo que se hace una vez dentro.