Cada día, millones de personas llevan su almuerzo al trabajo sin saber que el trayecto entre la cocina y el escritorio puede convertir una comida bien preparada en un riesgo para la salud. La seguridad alimentaria no termina en el fogón: la temperatura, el tiempo y las condiciones de transporte determinan lo que ocurre, invisible, dentro del táper. Comprender la llamada zona de peligro bacteriano —entre cinco y sesenta y cinco grados centígrados— y actuar en consecuencia es un acto cotidiano de cuidado propio que está al alcance de cualquiera.