En los rincones más silenciosos de Holguín, donde la red eléctrica nacional nunca trazó su camino, el sol ha comenzado a cumplir una función que la infraestructura centralizada no pudo: llevar luz a escuelas, hogares y centros de salud rurales. A través de paneles fotovoltaicos que convierten la radiación solar abundante de la región en energía estable, estas comunidades remotas acceden por primera vez a una electricidad propia, sin depender de cables que nunca llegaron. Este giro hacia la energía distribuida no es solo técnico; es una reconfiguración de quién tiene derecho a la modernidad y e