En un país donde muchas aulas rurales aún carecen de internet confiable, Panamá ha decidido que la brecha tecnológica no puede esperar a que llegue la infraestructura: ha invertido 26,6 millones de dólares en 54.000 laptops con inteligencia artificial capaces de operar sin conexión, entregándolas a sus docentes de escuelas públicas. Es un gesto que reconoce una verdad antigua —que el maestro es el primer ecosistema del aprendizaje— y lo actualiza con la lógica del siglo XXI. Detrás de la compra de hardware late una apuesta más profunda: la de un país pequeño que quiere construir su futuro econ