Cada septiembre, los Países Bajos recuerdan que el poder no existe en el vacío: necesita ritual, memoria y símbolo para legitimarse ante quienes gobierna. El Prinsjesdag reunió al Rey Guillermo, la reina Máxima y las tres princesas en La Haya para inaugurar el año parlamentario con flores, carrozas y salvas de cañón, traduciendo en ceremonia lo que después será legislación. Es el momento en que la monarquía neerlandesa tiende el puente entre la historia que la sostiene y el futuro político que le corresponde anunciar.