En las unidades de cuidados intensivos, donde el ruido de máquinas y la urgencia ocupan todo el espacio, hay personas que parecen ausentes aunque su mente siga despierta, atrapada tras un daño cerebral que les impide moverse. Un equipo liderado por Jan Claassen, de la Universidad de Columbia, ha mostrado que algunas de esas consciencias pueden responder a través de la actividad eléctrica de la corteza motora, sin cirugía ni implantes. El hallazgo abre una posibilidad humana antigua y frágil, la de volver a oír a quien no puede hablar, y además ofrece una pista sobre quién tiene mayores probabi
Pacientes en coma aparente logran controlar un pitido con la mente: una vía para comunicarse con la consciencia oculta
Casi un minuto de concentración extrema para hacer pitar la máquina
Lo primero que me llama la atención es que el paciente no mueve nada. ¿Qué se mide exactamente?
La actividad eléctrica de la corteza motora. Cuando oye la orden de intentar abrir y cerrar la mano, sus neuronas disparan impulsos aunque la mano no se mueva, y los electrodos del EEG los recogen.
Y el software traduce eso en un pitido más rápido o más lento.
Sí. Si la actividad sube, el pitido acelera; si baja porque deja de intentarlo, se ralentiza. Es una forma de respuesta voluntaria sin movimiento.
Conviene matizar: 13 de 41 es un 32%. Eso significa que la mayoría no logró controlar el sistema, y el texto no dice por qué. No podemos concluir que no tuvieran consciencia.
Cierto. ¿Y los tiempos?
Los sanos tardaban 15 segundos y los pacientes, de media, 49,8. Casi un minuto de esfuerzo para cada respuesta.
Eso limita lo que hoy se podría llamar comunicación. Es una señal de sí o no muy lenta, no una conversación.
Los datos de recuperación son llamativos: 31% frente a 4% al alta, 46% frente a 7% al año.
Sí, y ninguno de los que no controlaron el pitido y eran negativos en consciencia oculta se recuperó a los 12 meses.
Son asociaciones en una muestra pequeña. El propio planteamiento pide validación amplia antes de usarlo para pronosticar a un paciente concreto.
Le Pouls
- Trece de cuarenta y un pacientes críticos lograron mover un pitido con la mente, aunque sus manos seguían inmóviles.
- Cada orden auditiva desencadena un esfuerzo neuronal que los electrodos captan en microvoltios, mientras el cuerpo no responde.
- Tardaron casi un minuto de concentración extrema, frente a los quince segundos de los voluntarios sanos, para lograr el control.
- Quienes dominaron la interfaz despertaron al alta en un 31%, frente al 4%, y recuperaron independencia en un 46% a los doce meses, frente al 7%.
- El equipo de Columbia busca ahora validar el método con muestras más amplias antes de llevarlo a la clínica.
En las unidades de cuidados intensivos, donde el ruido de máquinas y la urgencia ocupan todo el espacio, hay personas que parecen ausentes aunque su mente siga despierta, atrapada tras un daño cerebral que les impide moverse. Un equipo liderado por Jan Claassen, de la Universidad de Columbia, ha mostrado que algunas de esas consciencias pueden responder a través de la actividad eléctrica de la corteza motora, sin cirugía ni implantes. El hallazgo abre una posibilidad humana antigua y frágil, la de volver a oír a quien no puede hablar, y además ofrece una pista sobre quién tiene mayores probabilidades de recuperarse. Su alcance todavía es modesto, y la ciencia necesita confirmarlo con muchos más pacientes antes de convertirlo en práctica habitual.
En una UCI el ruido no cesa: respiradores, goteo de sueros, monitores que pitan sin descanso. En medio de todo eso hay un paciente que no responde a la voz ni al tacto, tras una hemorragia o un traumatismo craneal. Por fuera parece totalmente desconectado, pero la medicina sabe que a veces no lo está. Se llama disociación cognitiva motora o consciencia oculta: el cerebro entiende y quiere responder, pero el sistema motor no obedece. Afecta a cerca del 15% de los pacientes con daño cerebral agudo y coma aparente.
Jan Claassen, neurólogo de la Universidad de Columbia, lleva años buscando la manera de llegar a esas mentes sin abrir el cráneo. Su equipo diseñó una interfaz cerebro-ordenador no invasiva, con electrodos de EEG habituales en cualquier hospital y un programa que procesa la actividad eléctrica en tiempo real. Los resultados aparecen en la revista Brain.
El experimento se hizo con 41 pacientes críticos sin respuesta clínica. Una voz les pedía, por auriculares, que intentaran abrir y cerrar la mano derecha para acelerar un pitido, o que dejaran de hacerlo para ralentizarlo. Ninguno movía un dedo, pero su corteza motora respondía. Trece de ellos, un 32%, consiguieron controlar el sonido con la mente, entre ellos todos los que ya habían dado positivo en una prueba independiente de consciencia oculta. Les costó casi cincuenta segundos de esfuerzo, frente a quince en los voluntarios sanos.
El dato que más pesa es el pronóstico. Quienes dominaron el software tuvieron muchas más probabilidades de despertar al alta y de volver a valerse por sí mismos un año después. Ninguno de los que no lograron el control y dieron negativo en consciencia oculta se había recuperado a los doce meses.
Es una muestra pequeña y los propios investigadores lo saben. Antes de cualquier uso clínico, el método deberá demostrarse en estudios más amplios. Aun así, para quienes esperan junto a una cama de UCI, la noticia ofrece algo que hasta ahora faltaba: una forma de preguntar y, quizá, de escuchar.
En una Unidad de Cuidados Intensivos hay ruido por todas partes: el runrún de los respiradores, el goteo de las bolsas de suero y de fármacos, el pitido constante de los monitores. En medio de todo eso, hay un paciente que no se mueve. Ha sufrido una hemorragia cerebral o un traumatismo craneal, y en la exploración no responde a la voz ni al contacto físico. No parpadea, no aprieta la mano, no mueve los dedos de los pies. Por fuera, parece desconectado por completo.
La medicina conoce, sin embargo, una condición llamada disociación cognitiva motora (CMD), o consciencia oculta. El cerebro procesa la información, entiende lo que le dice el médico y quiere responder, pero el sistema motor no obedece. Le ocurre hasta al 15% de los pacientes con daño cerebral agudo y coma aparente. El hallazgo se remonta a 2019, cuando Jan Claassen, profesor de Neurología de la Universidad de Columbia, publicó en el New England Journal of Medicine un estudio con 104 pacientes en el que aplicaba inteligencia artificial a los electroencefalogramas (EEG) convencionales.
De ahí surgió una pregunta clínica y ética: si hay mentes despiertas y atrapadas, ¿cómo comunicarse con ellas? Claassen ha trabajado en una respuesta que evita la cirugía y los chips implantados. Su equipo ha diseñado una interfaz cerebro-ordenador no invasiva con material habitual de hospital: electrodos externos de EEG y un programa que procesa los impulsos eléctricos en tiempo real. Los resultados se han publicado en la revista Brain.
El experimento es sencillo. Los investigadores colocaron una malla de cables de EEG en la cabeza de 41 pacientes críticamente enfermos y sin respuesta clínica. Por unos auriculares, una voz grabada les indicaba: «Para hacer que el pitido suene más rápido, intente abrir y cerrar su mano derecha», y alternaba con otra instrucción: «Para que suene más lento, deje de abrir y cerrar la mano».
Ningún paciente movía un dedo. Pero al oír la orden, su corteza motora, la zona que gobierna el movimiento, se activaba y disparaba ráfagas de impulsos eléctricos, medidos en microvoltios, como si intentara enviar la orden al brazo. La orden no llegaba y la mano seguía quieta, pero los electrodos captaban esa electricidad. El software la analizaba en el ordenador de la UCI: si la actividad aumentaba, aceleraba el pitido; si el paciente dejaba de intentarlo y la actividad bajaba, lo ralentizaba.
Según los datos del ensayo, 13 de los 41 pacientes, un 32%, lograron controlar la interfaz con la mente, entre ellos todos los que antes habían dado positivo en CMD en una prueba independiente. Los voluntarios sanos tardaban 15 segundos en conseguir que el ordenador respondiera; los pacientes críticos necesitaron una media de 49,8 segundos, casi un minuto de concentración extrema para hacer pitar la máquina a su voluntad.
El hallazgo sirve además como indicador pronóstico. Al recibir el alta, había recuperado la consciencia clínica el 31% de quienes dominaron el software, frente a solo el 4% de quienes no lo lograron. A los 12 meses del daño cerebral, el 46% de los que controlaban la interfaz había recuperado la independencia funcional, entendida como valerse por sí mismos al menos ocho horas al día. Entre los que no la controlaron, fue el 7%. Ninguno de los pacientes que no pudo controlar el pitido y que además eran negativos en consciencia oculta se había recuperado un año después.
La muestra es pequeña, y el siguiente paso será validar estos resultados en estudios más amplios antes de plantear un uso clínico como vía de comunicación y como herramienta de pronóstico.
Citations marquantes
Para hacer que el pitido suene más rápido, intente abrir y cerrar su mano derecha.— Instrucción grabada que escuchaban los pacientes en el experimento