Oslo se detiene este miércoles para despedir a Harald, el monarca que guió a Noruega durante más de siete décadas, en un funeral de Estado que congrega a líderes del mundo entero. La jornada no es solo un acto de duelo colectivo, sino el umbral visible entre dos épocas: mientras el país honra a quien fue, también presenta ante el mundo a quienes serán. En el balcón del Palacio Real, Haakon VIII y Mette-Marit encarnarán ese instante en que la historia cierra una página y abre otra.