La soberanía no se negocia. La autodeterminación no se renuncia.
En el bicentenario del Congreso Anfictiónico convocado por Bolívar, decenas de organizaciones panameñas se reunieron en la Universidad de Panamá para recordar que la soberanía no es un legado del pasado sino una tarea del presente. Frente a un memorando de entendimiento firmado con Estados Unidos en abril de 2025 que consideran lesivo, sindicatos, pueblos indígenas, estudiantes y trabajadores del campo declararon que el control del Canal, el territorio y los recursos naturales no está sujeto a negociación. El encuentro no fue solo conmemoración: fue el primer paso hacia un Tercer Congreso Nacional por la Soberanía, convocando a la unidad política por encima de las divisiones partidarias.
- El memorando Panamá-Estados Unidos de abril de 2025 actúa como detonador: las organizaciones lo señalan como una amenaza directa a los principios soberanos que consideran innegociables.
- La movilización reúne una coalición inusualmente amplia —sindicatos, comunidades indígenas, estudiantes, campesinos— lo que revela que la tensión desborda cualquier sector aislado.
- Las organizaciones advierten que la presión externa adopta hoy formas más sutiles —influencia económica, acuerdos militares, imposición cultural— pero la consideran tan peligrosa como las amenazas del siglo XIX.
- La respuesta no se limita al rechazo: se convoca un proceso de coordinación nacional que desemboque en el Tercer Congreso Nacional por la Soberanía, buscando traducir la protesta en arquitectura política.
- La declaración final extiende la soberanía más allá del territorio: incluye derechos laborales, libertades democráticas y la defensa de los pueblos indígenas, ampliando el frente de la disputa.
Bajo el peso de dos siglos de historia, decenas de organizaciones panameñas se congregaron el 24 de junio en la Universidad de Panamá para conmemorar el Congreso Anfictiónico de 1826 —aquel llamado bolivariano a la unidad latinoamericana— y convertir esa memoria en declaración política. Sindicatos, movimientos indígenas, estudiantes y trabajadores del campo no llegaron solo a recordar: llegaron a afirmar quiénes son y qué defienden.
Los participantes argumentaron que los desafíos que enfrentó Bolívar persisten, aunque con nuevas formas: presión política, control económico, influencia militar. Por eso el ideario bolivariano, dijeron, sigue siendo urgente. La declaración aprobada fue categórica: soberanía total sobre el territorio, los recursos naturales, el espacio aéreo, las aguas y el Canal de Panamá. Ninguno de esos elementos está disponible para negociación.
El blanco más concreto fue el memorando de entendimiento firmado entre Panamá y Estados Unidos en abril de 2025. Las organizaciones lo rechazaron de frente, señalando que socava principios fundamentales de autodeterminación. También defendieron la neutralidad del Canal, insistiendo en que no puede convertirse en instrumento de intereses geopolíticos ajenos.
Pero la reunión tuvo también una dimensión interna: los asistentes expresaron solidaridad con maestros, trabajadores y pueblos indígenas que enfrentan políticas de exclusión y privatización dentro del país. La soberanía que defienden, subrayaron, no es solo territorial; es también social y democrática.
Del encuentro emergió un compromiso concreto: impulsar un proceso de coordinación que culmine en el Tercer Congreso Nacional por la Soberanía de Panamá, convocando a colectivos patrióticos, sindicales, estudiantiles y culturales a construir unidad política por encima de las divisiones partidarias. La frase que resumió el tono fue directa: 'La soberanía no se negocia. La autodeterminación no se renuncia.' Para los asistentes, honrar a Bolívar significa continuar la lucha, no estudiarla.
En la Universidad de Panamá, bajo el peso de dos siglos de historia, decenas de organizaciones se reunieron el 24 de junio para recordar un momento que consideran fundacional: el Congreso Anfictiónico de 1826, convocado por Simón Bolívar cuando la región aún era joven república. Sindicatos, grupos comunitarios, movimientos indígenas, estudiantes y trabajadores del campo llegaron a ese acto no solo para conmemorar, sino para hacer una declaración política sobre quiénes son hoy y qué defienden.
Lo que sucedió en Panamá hace dos siglos sigue importando, dijeron los participantes. Bolívar había reunido a las naciones latinoamericanas nacientes para hablar de unidad, de defensa común, de mantener a raya las ambiciones externas. Los desafíos que enfrentaban entonces persisten, argumentaron los asistentes, solo que ahora toman otras formas: presión política, control económico, influencia militar, imposición cultural. Por eso el ideario bolivariano, lejos de ser cosa de museos, sigue siendo urgente.
La declaración aprobada ese día fue clara en sus términos. Panamá, dijeron, debe mantener soberanía total sobre su territorio, sus recursos naturales, su espacio aéreo, sus aguas y, crucialmente, su canal. No hay espacio para negociación en eso. Los participantes rechazaron de manera categórica cualquier interferencia extranjera en los asuntos internos del país, cualquier base militar foránea, cualquier acuerdo que limite la capacidad de Panamá de gobernarse a sí misma.
En particular, las organizaciones apuntaron al memorando de entendimiento que Panamá y Estados Unidos firmaron en abril de 2025. Ese documento, dijeron, socava principios fundamentales de soberanía nacional. No especificaron los términos exactos del acuerdo en su declaración, pero su rechazo fue frontal. También defendieron la neutralidad del Canal de Panamá, insistiendo en que no debe convertirse en herramienta de intereses geopolíticos ajenos a Panamá.
La reunión no fue solo un acto de resistencia hacia afuera. Los participantes también expresaron solidaridad con trabajadores, maestros, estudiantes, pueblos indígenas y movimientos populares que luchan contra políticas de exclusión y privatización dentro del país. Reafirmaron su compromiso con derechos humanos, libertades democráticas, libertad sindical y derecho a protestar. En otras palabras, la soberanía que defienden no es solo territorial; es también social.
De esa reunión salió un acuerdo concreto: impulsar un proceso de coordinación nacional que culmine en el Tercer Congreso Nacional por la Soberanía de Panamá. Las organizaciones convocaron a otros colectivos patrióticos, democráticos, sindicales, estudiantiles, comunitarios y culturales a sumarse a ese esfuerzo. La idea es construir unidad política alrededor de un tema que, según los participantes, trasciende divisiones partidarias.
La declaración final contiene una frase que resume el tono del encuentro: "La soberanía no se negocia. La autodeterminación no se renuncia. La unidad de los pueblos sigue siendo la tarea histórica de nuestro tiempo". Para los asistentes, honrar a Bolívar no significa estudiar historia; significa continuar la lucha por una patria soberana, justa y digna. Lo que sucedió en esa universidad fue, en ese sentido, menos un acto de recordación que una reafirmación de propósito.
Notable Quotes
La soberanía no se negocia. La autodeterminación no se renuncia. La unidad de los pueblos sigue siendo la tarea histórica de nuestro tiempo.— Declaración final de las organizaciones panameñas
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué estas organizaciones decidieron conmemorar precisamente el Congreso Anfictiónico de 1826 para hacer esta declaración ahora?
Porque ven en ese momento histórico un precedente directo para lo que están viviendo. Bolívar reunió a las repúblicas jóvenes para defenderse de la interferencia externa. Hoy, estas organizaciones sienten que Panamá enfrenta presiones similares, solo que disfrazadas de acuerdos comerciales o de seguridad.
El memorando con Estados Unidos de abril de 2025 parece ser el detonante específico. ¿Qué creen que contiene ese acuerdo?
No lo dicen explícitamente en la declaración, pero su rechazo es categórico. Probablemente toca temas de presencia militar, acceso al Canal, o ambos. Para estas organizaciones, cualquier acuerdo que limite la capacidad de Panamá de controlar su propio territorio es inaceptable.
¿Hay una diferencia entre lo que defienden en términos de territorio y lo que defienden en términos de derechos sociales?
No, para ellos es lo mismo. La soberanía territorial sin justicia social no es soberanía real. Por eso mencionan privatización, exclusión, derechos de trabajadores. Es una visión integral: un país que controla sus recursos pero los usa para beneficio de unos pocos no es verdaderamente soberano.
¿Qué significa que convoquen a un Tercer Congreso Nacional por la Soberanía?
Significa que esto no es un acto aislado. Hubo congresos anteriores sobre el mismo tema. Ahora buscan consolidar una coordinación nacional permanente, una estructura que mantenga viva esta conversación y la traduzca en presión política real.
¿Cuán representativas son estas organizaciones del sentimiento general en Panamá?
Eso es la pregunta abierta. Tienen presencia en sectores importantes: sindicatos, comunidades indígenas, estudiantes. Pero no sabemos si reflejan una mayoría o una minoría vocal. Lo que sí es claro es que tienen capacidad de convocatoria y que el tema de la soberanía toca algo profundo en la identidad panameña.