No te casas con nadie, eres libre de cambiar
En un momento en que la inteligencia artificial multiplica sus herramientas más rápido de lo que las empresas pueden asimilarlas, la startup española Optiak propone algo que pocas veces acompaña a la innovación tecnológica: orden. Con cuatro millones de euros recaudados y un equipo forjado en Google, Amazon y Stripe, la compañía construye una capa operativa unificada que permite a las organizaciones gobernar, optimizar y escalar múltiples modelos de IA sin caer en la fragmentación ni en costes desbocados. Su apuesta no es la herramienta más potente, sino la arquitectura más sensata.
- Las empresas acumulan decenas de soluciones de IA en paralelo sin que nadie sepa realmente qué hay bajo la alfombra, generando caos, duplicidades y gastos invisibles.
- Optiak cierra una ronda de cuatro millones de euros antes incluso de vender su producto, señal de que los inversores españoles están apostando por equipos e ideas antes que por métricas.
- La plataforma actúa como torre de control centralizada: gestiona permisos, bloquea accesos indebidos, modera contenidos y evita técnicas de manipulación como el prompt injection.
- Para reducir el consumo energético, Optiak enruta cada consulta al modelo más eficiente según la complejidad de la tarea, evitando el desperdicio de tokens y recursos.
- Su arquitectura modular y agnóstica permite a las empresas integrar nuevas herramientas del mercado sin romper lo que ya construyeron, prometiendo libertad sin bloqueos tecnológicos.
En el ecosistema del capital riesgo español algo ha cambiado: los inversores ya no exigen clientes ni facturación antes de apostar. Lo que inclina la balanza ahora es el equipo, la idea y la tecnología elegida. Ese viento explica por qué Optiak, que todavía no vende su producto, acaba de cerrar una ronda de cuatro millones de euros con Market One Capital, Next Tier Ventures, Plug and Play y Mission.
Detrás de la startup están Daniel Arenas e Ignacio Gamoneda como codirectores ejecutivos, y Borja Balle al frente de la arquitectura técnica. Los tres vienen de Google, Amazon y Stripe, y trabajan con diez ingenieros más para resolver un problema que crece cada día en las grandes corporaciones: la fragmentación de herramientas de IA. Cuando una empresa impone una solución que sus empleados no conocen, estos buscan alternativas propias, y el resultado es una maraña de decenas de plataformas conviviendo sin control.
Optiak propone una capa intermedia que actúa como torre de control: supervisa toda la lógica de IA no vinculada directamente al negocio, gestiona permisos y despliega guardarraíles que impiden que datos sensibles lleguen donde no deben, moderan contenidos y bloquean técnicas como el prompt injection. La optimización también alcanza al consumo energético: si una consulta es simple, la resuelve un modelo básico, ahorrando tokens y costes sin sacrificar resultados.
La arquitectura es modular y agnóstica. Si mañana aparece una startup con los mejores guardarraíles del mercado, Optiak permite incorporarlos al día siguiente. Las empresas que ya han construido sus propios stacks no tienen que abandonarlos, sino complementarlos. En un momento donde la IA amenaza con convertirse en un laberinto de herramientas incompatibles, esa promesa de flexibilidad ordenada es precisamente lo que ha convencido a los inversores.
En el ecosistema del capital riesgo español, algo ha cambiado. Los inversores ya no exigen que una startup llegue a la mesa con un catálogo reluciente de clientes, números de facturación estratosféricos o una presentación repleta de métricas. Lo que inclina la balanza ahora es más elemental: el equipo, la idea de fondo, y cada vez más, la tecnología que eligieron construir. Ese viento favorable explica por qué Optiak, una empresa que aún ni siquiera vende su producto, acaba de cerrar una ronda de cuatro millones de euros con participantes de peso como Market One Capital, Next Tier Ventures, Plug and Play y Mission.
Detrás de Optiak están Daniel Arenas e Ignacio Gamoneda, que comparten la dirección ejecutiva, y Borja Balle, quien lidera la arquitectura técnica. Los tres vienen de empresas de primera categoría: Google, Amazon, Stripe. Con ellos trabajan diez ingenieros más, todos enfocados en resolver un problema que crece cada día en las grandes corporaciones y, con menos intensidad, en las pymes que temen que la inteligencia artificial dispare sus costes. El reto es crear una capa operativa unificada, una especie de moneda única que permita a las organizaciones gestionar, integrar y escalar múltiples herramientas y modelos de IA sin perderse en el caos.
La fragmentación es el verdadero enemigo. Cuando una empresa compra licencias de una herramienta de IA que sus empleados no conocen, estos buscan alternativas que sí dominan. El resultado es que conviven decenas de soluciones dentro de la misma organización, y nadie sabe realmente qué hay bajo la alfombra. Arenas lo resume así: lo que Optiak propone es una torre de control centralizada que supervise toda la lógica de IA que no está directamente vinculada al negocio. Una capa intermedia que permite usar cualquier herramienta mientras se optimiza y se supervisa.
El control es el segundo pilar. Balle explica que la plataforma asegura los entornos donde se despliegan los agentes de IA, verificando qué permisos tiene cada uno. Un trabajador podría intentar que un agente acceda al sueldo del consejero delegado, algo que teóricamente no debería permitirse. Aquí entran en juego los guardarraíles, esos límites cada vez más sofisticados que evitan que datos sensibles terminen donde no deben, que moderan contenidos en interacciones con clientes, y que bloquean técnicas de manipulación como el prompt injection, donde alguien intenta engañar a un agente para que haga algo prohibido o genere información falsa.
La optimización toca un nervio que preocupa cada vez más: el consumo energético de la IA. Cuando un usuario hace una consulta, Optiak no envía automáticamente la petición al modelo más potente disponible. Si la tarea es simple, la resuelve un modelo básico, ahorrando tokens y costes. Gamoneda añade un matiz importante: el mercado está lleno de plataformas y modelos, pero esto no se trata solo de rendimiento, sino de garantizar que la IA se ajuste a las reglas específicas de cada empresa.
La arquitectura es modular. Balle subraya que se integra con software especializado de otros proveedores, lo que tranquiliza a esas empresas que ya han comenzado a construir sus propios stacks de IA y están satisfechas con lo que otros les ofrecen. Si mañana una startup lanza los mejores guardarraíles del mercado, Optiak permite actualizar su plataforma al día siguiente para incorporar ese cambio. Gamoneda lo compara con piezas de un puzzle que puedes combinar como quieras, todo pensado para ser personalizable sin romper el sistema.
El desafío real no está en la disponibilidad tecnológica, sino en extraer valor de ella. La inversión debe traducirse en beneficio concreto. Por eso Arenas rechaza la idea de forzar una solución única. Lo que tiene sentido es una constelación ordenada que permita a cada empleado satisfacer sus preferencias. Optiak insiste en el agnosticismo: si usas la plataforma, no te casas con nadie. Eres libre de cambiar, de actualizar, de elegir. En un momento donde la IA amenaza con convertirse en un laberinto de herramientas incompatibles y costes incontrolados, esa promesa de flexibilidad ordenada es lo que atrae a los inversores.
Notable Quotes
Optiak plantea la opción de mejorar ese panorama. Es factible contar con una suerte de torre de control que centralice toda la lógica de la IA que no se refiere al negocio.— Daniel Arenas, CEO de Optiak
Somos muy pesados con el agnosticismo. Si nos usas a nosotros no te casas con nadie.— Daniel Arenas, CEO de Optiak
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué una empresa invertiría en Optiak si ya tiene sus propias herramientas de IA funcionando?
Porque probablemente tiene diez herramientas funcionando, no una. Y nadie sabe bien cuáles son, quién las usa, qué datos tocan, cuánto cuestan. Optiak trae orden a ese caos.
Pero eso suena como un problema de gestión, no de tecnología.
Es ambos. La tecnología es el medio, pero el problema es real: las empresas pierden dinero y control. Optiak ofrece visibilidad y gobernanza, que es lo que falta.
¿Qué hace que sea diferente de otras plataformas de IA que ya existen?
La modularidad. No te obliga a elegir. Puedes usar Optiak como tu capa de control mientras mantienes las herramientas que ya tienes. Otros te piden que abandones todo y empieces de cero.
¿Y el tema energético? ¿Realmente importa a las empresas?
Cada vez más. Cuando ejecutas miles de consultas al día, enviar cada una al modelo más potente es un desperdicio. Optiak elige el modelo adecuado para cada tarea. Es eficiencia pura.
¿Cuál es el riesgo? ¿Qué podría salir mal?
Que la tecnología evolucione tan rápido que Optiak no pueda mantenerse al día. Pero su arquitectura modular está diseñada precisamente para eso: adaptarse sin romperse.
¿Por qué los inversores apuestan por una empresa que aún no vende nada?
Porque el problema es urgente y visible. Toda empresa grande está lidiando con esto ahora mismo. Optiak llegó en el momento exacto.