Si la empresa más esperada del año no podía sostener su precio, el entorno era más frágil
En el cruce entre la ambición tecnológica y la prudencia financiera, OpenAI ha decidido postergar su salida a bolsa hasta 2027, resistiéndose a rebajar su meta de valoración de un billón de dólares. La caída sostenida de las acciones de SpaceX tras su histórico debut bursátil actuó como espejo incómodo: incluso las empresas más esperadas pueden ver evaporarse el entusiasmo del mercado en cuestión de días. La compañía creadora de ChatGPT apuesta ahora a que el tiempo, más que la concesión, es su mejor aliado.
- El cronograma de IPO de OpenAI para 2026 se desmoronó en semanas, sacudido por la caída de SpaceX y la creciente desconfianza inversora hacia las valoraciones astronómicas de la inteligencia artificial.
- Sam Altman rechazó categóricamente cualquier reducción de la meta de un billón de dólares, dejando a la compañía en una posición de espera que puede durar más de un año.
- A pesar de generar 2.000 millones de dólares mensuales, OpenAI aún no es rentable y enfrenta presión competitiva creciente de Anthropic con Claude Code y de Google con Gemini.
- El crecimiento de ChatGPT se ha estancado en torno a los 900 millones de usuarios, una cifra que decepciona a inversores que esperaban superar el umbral del billón con facilidad.
- La compañía apuesta a que los mercados se estabilizarán en 2027 y que el apetito inversor por la IA se recuperará, convirtiendo la espera en una estrategia deliberada más que en una retirada.
OpenAI había construido un plan meticuloso: los mejores banqueros, los mejores abogados, y una salida a bolsa en el segundo semestre de 2026 con una valoración de un billón de dólares. Sam Altman había presionado a sus asesores para alcanzar esa cifra, un salto considerable desde la última valoración privada de 730 mil millones. Pero en pocas semanas, ese cronograma se deshizo.
El detonante fue SpaceX. A principios de junio, la empresa de Elon Musk protagonizó el mayor IPO de la historia, recaudando más de 85 mil millones de dólares y alcanzando una valoración de 1,77 billones en su debut. La gloria duró poco: las acciones cayeron de 202 a 153 dólares en días. Para los asesores de OpenAI, la señal fue clara: si la empresa más esperada del año no podía sostener su precio, el entorno para un IPO de alta valoración era más frágil de lo que parecía.
Ante el dilema de esperar o reducir la meta de valoración, Altman fue categórico: cualquier rebaja al billón de dólares era inaceptable. La compañía optó por la espera, confiando en que los mercados se estabilizarán en 2027 y el apetito inversor por la inteligencia artificial se recuperará.
El retraso, sin embargo, expone desafíos más profundos. OpenAI genera 2.000 millones de dólares mensuales y reportó cerca de 13 mil millones en 2025, pero aún no alcanza la rentabilidad, absorbida por inversiones en infraestructura y talento. En el frente competitivo, Anthropic avanza con Claude Code en el mercado empresarial, Gemini de Google gana usuarios, y el crecimiento de ChatGPT se ha estancado en 900 millones de usuarios, por debajo de las expectativas.
Hay señales alentadoras: cinco millones de usuarios semanales en Codex y más de dos millones de clientes empresariales. Pero no fueron suficientes para mover la postura de Altman. OpenAI espera ahora que 2027 traiga un mercado más receptivo, uno que haya aprendido las lecciones de SpaceX y esté listo para creer, de nuevo, en las promesas de la inteligencia artificial.
OpenAI había trazado un plan claro: contratar a los mejores banqueros y abogados, preparar los papeles, y salir a bolsa en el tercer o cuarto trimestre de 2026 con una valoración de un billón de dólares. Sam Altman, su CEO, había presionado a los asesores para alcanzar esa cifra, un salto ambicioso desde la última valoración privada de 730 mil millones de dólares. Pero en las últimas semanas, ese cronograma se desmoronó. Los asesores de la compañía recomendaron postergar la salida a bolsa hasta 2027, una decisión que refleja tanto las turbulencias del mercado como los desafíos internos que enfrenta la empresa creadora de ChatGPT.
El catalizador fue SpaceX. A principios de junio, la compañía de Elon Musk realizó el mayor IPO de la historia, recaudando más de 85 mil millones de dólares y alcanzando una valoración de 1,77 billones en su debut. Fue un momento de gloria que duró poco. Las acciones comenzaron a caer de manera sostenida, pasando de un máximo de 202 dólares a 153 dólares al cierre de la semana. Para los asesores de OpenAI, el mensaje fue inequívoco: si la empresa más esperada del año no podía sostener su precio tras el debut, el entorno para un IPO de alta valoración era más frágil de lo que parecía.
A eso se sumó la volatilidad generalizada de los mercados tecnológicos. Los inversores comenzaron a cuestionarse si las compañías de inteligencia artificial podrían cumplir las expectativas que justificaban sus valoraciones astronómicas. Los asesores de OpenAI advirtieron que probablemente no encontrarían mucho entusiasmo entre los inversores minoristas para sus acciones en el contexto actual. El dilema era claro: esperar hasta 2027 apostando a que los mercados se estabilizaran, o reducir la meta de valoración para acelerar el proceso.
Altman rechazó la segunda opción de manera categórica. Cualquier cambio a la valoración de un billón de dólares era inaceptable, según comunicó a sus asesores. Esa postura dejó a la compañía en una posición de espera, confiando en que el apetito inversor por la inteligencia artificial se recuperaría en los próximos meses.
Pero el retraso también refleja desafíos financieros más profundos. OpenAI reportó ingresos de aproximadamente 13 mil millones de dólares en 2025 y genera actualmente 2 mil millones de dólares mensuales, con una meta de triplicar los ingresos del año pasado en 2026. Sin embargo, la compañía aún no ha alcanzado la rentabilidad. Continúa invirtiendo de manera agresiva en centros de datos, infraestructura de computación, marketing y contratación de talento de alto perfil desde empresas como Meta y Google.
En el frente competitivo, las presiones son crecientes. Anthropic, su principal rival, ha tenido éxito vendiendo su herramienta Claude Code a clientes empresariales. Gemini de Google ha ganado popularidad entre los usuarios. Las descargas de la app de ChatGPT, que crecieron de manera explosiva durante años, se han desacelerado y se mantienen en torno a los 900 millones de usuarios, una cifra que ha sorprendido a inversores que esperaban que la compañía superara con facilidad los mil millones.
Pese a las dificultades, OpenAI ha registrado algunos avances relevantes. Más de cinco millones de personas utilizan su herramienta de programación Codex de manera semanal. La compañía superó los dos millones de clientes empresariales. Pero estos números no fueron suficientes para convencer a Altman de reducir su ambición de valoración. Ahora, la compañía apuesta a que 2027 traerá un entorno más favorable, un mercado que haya digerido las lecciones de SpaceX y que vuelva a creer en las promesas de la inteligencia artificial.
Notable Quotes
Cualquier cambio a la valoración de un billón de dólares era inaceptable— Sam Altman, CEO de OpenAI, según sus comunicaciones con asesores
Los asesores advirtieron que probablemente no encontrarían mucho entusiasmo entre los inversores minoristas— Asesores de OpenAI, en conversaciones durante la última semana
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué SpaceX fue tan importante para esta decisión? Parecería que son empresas completamente diferentes.
Porque SpaceX fue la prueba de que incluso la empresa más esperada del año puede perder valor rápidamente después de salir a bolsa. Los asesores de OpenAI vieron cómo las acciones cayeron casi un 25% en pocas semanas. Si eso le pasó a SpaceX, ¿qué garantía tenía OpenAI de mantener una valoración de un billón de dólares?
Pero OpenAI genera 2 mil millones de dólares mensuales. ¿Eso no debería tranquilizar a los inversores?
Debería, pero no es rentable. Está gastando más de lo que gana. Los inversores ven esos números y se preguntan cuándo la compañía realmente ganará dinero. Eso genera dudas sobre si la valoración está justificada.
¿Qué pasa con ChatGPT estancado en 900 millones de usuarios? Eso suena como un fracaso.
No es un fracaso, pero es una sorpresa incómoda. Todos esperaban que superara fácilmente los mil millones. El crecimiento explosivo se desaceleró. Eso alimenta la pregunta de si ChatGPT puede seguir creciendo o si ya alcanzó su techo.
¿Entonces Altman está apostando a que todo mejore en 2027?
Exactamente. Rechazó reducir la valoración objetivo. Está apostando a que los mercados se estabilicen, que los inversores vuelvan a creer en la IA, y que OpenAI pueda demostrar que es más que un chatbot. Es una apuesta arriesgada.
¿Qué pasa si los mercados no se estabilizan?
Entonces OpenAI tendrá que elegir entre esperar más o aceptar una valoración menor. Pero Altman ya dejó claro que eso no es una opción que esté considerando.