En un giro poco común para una industria definida por la rivalidad, OpenAI ha unido fuerzas con Anthropic y Google DeepMind para enfrentar los riesgos de seguridad que plantea la inteligencia artificial. Este acuerdo entre competidores directos sugiere que las preocupaciones existenciales en torno a la IA han alcanzado una gravedad que ninguna empresa puede contener por sí sola. El momento coincide con una valoración de OpenAI que podría superar el billón de dólares, revelando la paradoja central de nuestra era tecnológica: cuanto más valiosa se vuelve la IA, más urgente resulta frenarla.