En un momento en que las dos mayores potencias del mundo coinciden en no frenar la inteligencia artificial, las Naciones Unidas elevan una advertencia que trasciende fronteras: el avance acelerado de esta tecnología amenaza el conjunto de derechos fundamentales que las democracias han construido durante décadas. No es un riesgo abstracto ni futuro — ataques autónomos en enjambre y campañas de phishing generadas por IA ya han dejado daño documentado. La humanidad se enfrenta, una vez más, a la pregunta de si sus instituciones pueden moverse tan rápido como sus inventos.