En las horas que siguieron al megaterremoto de Tōhoku de 2011, una onda sísmica emprendió un viaje silencioso hacia el corazón del planeta: descendió 2.900 kilómetros hasta el límite del núcleo terrestre, rebotó y regresó a la superficie de Japón. Investigadores de la Universidad de Chicago, al revisar registros GPS de precisión milimétrica, descubrieron que ese retorno no fue inocuo: desplazó zonas del archipiélago varios milímetros hacia el este y liberó energía equivalente a un terremoto de magnitud 7,5. El hallazgo sugiere que la Tierra guarda mecanismos sísmicos más profundos y complejos