En el delicado tejido de la diplomacia del Golfo, Omán —fiel a su vocación histórica de puente entre mundos en tensión— ha anunciado el aplazamiento de un encuentro previsto entre Irán y las naciones del Golfo Pérsico, sin ofrecer nueva fecha ni explicación pública. El silencio que rodea al anuncio habla, quizás, más que las palabras: las diferencias de fondo entre Teherán y sus vecinos árabes siguen sin resolverse, y la paciencia de la mediación tiene sus propios ritmos. En Oriente Medio, una reunión que no ocurre no es necesariamente un fracaso, sino a veces el reconocimiento honesto de que