Mientras su abuela permanecía hospitalizada, un hombre de treinta y dos años con historial de adicciones tomó posesión de su vivienda en Madrid, desencadenando una cadena de violencia familiar que terminó por desbordarse hacia la calle y poner en riesgo a toda una comunidad. Lo que comenzó como un conflicto doméstico —una familia intentando recuperar lo que no era suyo— se convirtió en un recordatorio de cómo la crisis personal, cuando no encuentra contención, acaba siendo absorbida por el espacio público. La Policía Nacional tuvo que transformar una calle ordinaria en un perímetro de emergenc
Okupa la casa de su abuela y lanza vajilla a la Policía en un enfrentamiento
Múltiples transeúntes estuvieron en riesgo durante el lanzamiento de objetos desde la vivienda; se requirió corte de tráfico para proteger a peatones y vehículos.