Por primera vez en veinte años, el Organismo Internacional de Energía Atómica ha remitido a Irán ante el Consejo de Seguridad de la ONU, señalando que el acceso a instalaciones nucleares clave —perdido desde los ataques israelíes de 2025— sigue sin restablecerse. La votación, aprobada con 23 votos a favor y la oposición de Rusia, China y Níger, refleja una fractura profunda en el orden internacional: Occidente eleva la presión diplomática mientras los grandes poderes rivales ya tienen el veto listo. En el horizonte no se vislumbra una resolución, sino la consolidación de trincheras.