El ranking de Shanghái, basado en producción investigadora y premios Nobel, muestra que España ha pasado de 38 universidades hace dos años a 30 en la edición actual. Expertos atribuyen el declive a financiación escasa, salarios bajos para investigadores y falta de becas FPU y FPI competitivas que atraigan talento.
Ocho universidades españolas desaparecen del ranking de Shanghái por falta de inversión
Sin investigación de alto nivel no hay universidad
¿Por qué desaparecen universidades de un ranking de un año para otro si su calidad no cambia tanto?
Porque el ranking no mide cambio absoluto, sino relativo. Si las universidades chinas mejoran más rápido que las españolas, España baja aunque mantenga su nivel. Es como una carrera donde otros corren más rápido.
¿Qué tiene que ver un premio Nobel con la calidad de una universidad hoy?
En teoría, mucho: indica tradición de excelencia y atrae talento. Pero el problema es que para universidades fuera de la élite, tener un Nobel es casi imposible, así que el criterio no las diferencia bien. Es un sistema diseñado para medir a los mejores, no a los buenos.
¿Por qué no invierten más en ciencia si saben que pierden posiciones?
Porque la inversión viene de presupuestos públicos limitados y decisiones políticas que cambian. Los rectores lo piden constantemente, pero no hay compromiso sostenido. Es fácil perder posiciones en cinco años si llevas cinco años sin invertir.
¿Qué pasaría si España invirtiera mañana el doble?
Tardaría años en verse. Necesitarías contratar investigadores, equipar laboratorios, publicar, que esos artículos se citen. Mientras tanto, otros países seguirían mejorando. Es una carrera de fondo que requiere paciencia política que no tenemos.
¿Es solo dinero, o hay algo más?
Es dinero, pero también estructura. Falta personal técnico que apoye a los investigadores, sistemas de evaluación anticuados, burocracia que consume tiempo. Un investigador español gasta energía en trámites que en otros países hace un administrativo.
El Pulso
- España pasó de 38 universidades en el ranking hace dos años a 30 en la edición actual
- Solo la Universidad de Barcelona permanece entre las primeras 200 posiciones
- Ocho universidades desaparecieron del ranking; dos nuevas entraron
- El 70 por ciento de la ciencia española se hace en universidades públicas
El ranking de Shanghái, basado en producción investigadora y premios Nobel, muestra que España ha pasado de 38 universidades hace dos años a 30 en la edición actual. Expertos atribuyen el declive a financiación escasa, salarios bajos para investigadores y falta de becas FPU y FPI competitivas que atraigan talento.
España pierde posiciones en el ranking de Shanghái con ocho universidades fuera de la lista, reflejando una caída continuada por baja inversión en investigación. Solo la Universidad de Barcelona permanece entre las primeras 200.
El ranking de Shanghái, publicado este fin de semana, trazó un mapa de declive para la educación superior española. Ocho universidades desaparecieron de la lista más prestigiosa del mundo, mientras que solo dos nuevas instituciones lograron entrar. El resultado es un retroceso que refleja años de erosión: hace dos años, España contaba con 38 universidades en el listado; el año pasado eran 36; ahora son 30. Entre los mil centros analizados por la consultora, solo la Universidad de Barcelona permanece en las primeras doscientas posiciones, ubicada entre los puestos 151 y 200.
El ranking de Shanghái mide lo que importa en la ciencia global: la cantidad de premios Nobel y medallas Fields entre exalumnos y profesores, el número de investigadores altamente citados, el volumen de artículos publicados y, especialmente, cuántos de esos trabajos aparecen en Nature y Science durante los últimos cinco años. Estos indicadores se ponderan según el tamaño de la plantilla docente. No es un ejercicio meramente honorífico. Las universidades que figuran en la lista acceden a becas y financiación para estancias de investigación en el extranjero que las que quedan fuera no obtienen.
Julio del Corral, catedrático de Economía en la Universidad de Castilla-La Mancha, ve en esta caída algo inevitable. España no invierte lo suficiente en ciencia, y sin ese empuje, mantener posiciones se vuelve casi imposible. El problema no es que las universidades españolas hayan empeorado; es que otras están mejorando más rápido. Las instituciones chinas están tomándose la ciencia con seriedad, subiendo en el ranking, y cuando suben, otros tienen que bajar. Del Corral señala una paradoja del sistema: el ranking fue diseñado hace más de dos décadas para clasificar a un pequeño grupo de élite, pero sus criterios no han evolucionado. Para las universidades españolas que rondan el puesto 200, tener un Nobel en el indicador supone un salto enorme; para las mejores cien del mundo, es apenas un detalle. Los criterios están pensados para las mejores del mundo, y España, por desgracia, no está en ese nivel.
Las fluctuaciones bruscas de las universidades españolas suelen venir de un factor específico: tener o perder investigadores en la lista de autores altamente citados que publica la consultora Clarivate cada noviembre. La Universidad de Zaragoza experimentó un salto precisamente por un aumento de estos autores. Su rectora, Rosa Bolea, recibe el ascenso con orgullo y subraya que la internacionalización es fundamental. La institución ha recibido fondos europeos del Advanced Grant 2025, una de las subvenciones más prestigiosas de Europa. España, después de Alemania, es el país con más proyectos concedidos en la última convocatoria, lo que demuestra que se hace ciencia reconocida. Pero Bolea advierte que falta apoyo estructural: sus investigadores luchan por conseguir esos proyectos competitivos, pero necesitarían una base más potente y más personal técnico que los respalde.
Entre los centros españoles, ocho mejoraron su posición y nueve cayeron en esta edición. Después de Barcelona, figuran la Autónoma de Barcelona, la Complutense de Madrid, la Autónoma de Madrid y la Universidad de Granada. La Universidad de Navarra es la única privada que mejoró. Las que quedaron fuera incluyen a la Universidad de Cantabria, la de Islas Baleares y la de Córdoba. También desapareció la Universidad Carlos III de Madrid, donde la princesa Leonor cursará Ciencias Políticas el próximo año.
Joan Guàrdia Olmos, rector de la Universidad de Barcelona, atribuye el liderazgo de su institución a años de esfuerzo en un escenario complejo y frágil, con financiación escasa y mucha presión. Recuerda que el 70 por ciento de la ciencia española se hace en universidades, y el 95 por ciento de ese porcentaje en el sistema público. Sin investigación de alto nivel no hay universidad, afirma, y para ello reclama presupuestos estables, reducción burocrática, actualización de los sistemas de evaluación y un compromiso político duradero.
El declive no es abrupto sino continuado. El grueso de la financiación viene de las comunidades autónomas, seguido del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, y de fondos europeos que requieren competencia feroz. La inversión es escasa y la carrera científica poco atractiva. Del Corral pide más becas FPU y FPI de mayor cuantía; los investigadores en formación cobran prácticamente el salario mínimo, lo que hace imposible atraer a los mejores expedientes. También reclama aumentar el dinero de los proyectos del plan nacional de investigación.
La Universidad Rey Juan Carlos y la Universidad de Valladolid regresaron a la lista en esta edición. Pilar Garcés, rectora de Valladolid, celebra el retorno pero reconoce la dificultad de competir con instituciones que pueden contratar a profesores premiados. Coincide con los demás entrevistados en que lo urgente es inversión sostenida, para financiar materiales, experimentos que fracasan y el tiempo necesario para intentarlo de nuevo.
Citas Notables
Si no somos capaces de aumentar el empuje que le damos a la ciencia, va a ser muy complicado que nos mantengamos— Julio del Corral, catedrático de Economía
Nuestros investigadores luchan para conseguir esos proyectos internacionales tan competitivos, pero se requeriría tener estructuralmente una base más potente— Rosa Bolea, rectora de la Universidad de Zaragoza