Ocho días bajo carpas: el drama de los damnificados por el terremoto en Cali

Miles de familias desplazadas viven en carpas de emergencia tras perder sus hogares en el terremoto de Cali, enfrentando condiciones precarias de vivienda y pérdida total de pertenencias.
Aquí está todo lo que tengo, es cómoda
Fernanda Londoño describe su carpa de dos metros cuadrados en el barrio Chiminangos, ocho días después del terremoto.
Mark

¿Qué te sorprendió más al llegar a Chiminangos?

Mimi

La manera en que las personas mantenían la compostura. Fernanda sonreía mientras mostraba su carpa. No era una sonrisa de resignación, sino de resistencia. Había algo en eso que desarmaba.

Mark

¿Dos metros cuadrados es realmente tan pequeño?

Mimi

Intenta acostarte en una cama de dos metros por dos metros. Ahora imagina que allí duermes, guardas ropa, pasas el tiempo cuando llueve. No es solo pequeño. Es la negación del espacio privado.

Mark

¿Cuánto tiempo llevan así?

Mimi

Ocho días. Una semana y un día. Tiempo suficiente para que el shock inicial se convierta en rutina, pero no suficiente para que nadie haya reconstruido nada.

Mark

¿Qué es lo que más necesitan ahora?

Mimi

Información. Saber si sus casas se pueden reparar, si habrá dinero para reconstruir, cuándo pueden volver a algo parecido a una vida normal. La incertidumbre es casi peor que la carpa.

Mark

¿Crees que la sonrisa de Fernanda era genuina?

Mimi

Creo que era un acto de humanidad. Cuando todo se ha perdido, la cortesía, la bienvenida, la dignidad de recibir a alguien en tu espacio, por pequeño que sea, es lo único que te queda. Ella lo sabía.

  • Ocho días después del terremoto en Cali
  • Miles de familias en carpas de dos metros cuadrados en el barrio Chiminangos
  • Pérdida total de hogares y pertenencias

Fernanda Londoño y miles de damnificados habitan carpas improvisadas de lona en el barrio Chiminangos de Cali. Las familias afectadas han perdido prácticamente todas sus pertenencias y dependen de refugios temporales para sobrevivir.

Ocho días después del terremoto en Cali, miles de familias del barrio Chiminangos permanecen en carpas de dos metros cuadrados esperando reconstruir sus vidas tras perder sus hogares.

Fernanda Londoño extendió el brazo hacia la carpa de lona que se alzaba frente a ella, sonriendo mientras recibía a los periodistas. "Bienvenidos a mi casa", dijo, señalando el interior donde guardaba su ropa. "Aquí está todo lo que tengo. Es cómoda, perdonen por no tener sillas". La ironía de sus palabras pesaba más que cualquier explicación. Lo que ella llamaba hogar medía apenas dos metros cuadrados.

Ocho días después del terremoto que sacudió Cali, el barrio Chiminangos se había convertido en un paisaje de tela y desesperación. Miles de familias vivían bajo carpas improvisadas, durmiendo sobre el suelo, guardando lo poco que les quedaba en espacios tan reducidos que apenas permitían acostarse. Londoño era una más entre ellos, pero su gesto de bienvenida revelaba algo más profundo: la necesidad humana de mantener la dignidad incluso cuando todo se ha desmoronado.

Las familias del barrio habían perdido prácticamente todo. Sus casas, destruidas o dañadas más allá de la reparación, ya no existían. Las pertenencias que no fueron enterradas bajo los escombros cabían ahora en bolsas de plástico o en las esquinas de esas carpas de emergencia. No había muebles, no había privacidad, no había seguridad. Solo había la espera de un nuevo comienzo que nadie sabía cuándo llegaría.

La vida bajo las carpas era una rutina de supervivencia. Despertarse en un espacio que no era suficiente ni para estirarse completamente. Salir a buscar agua, comida, información sobre ayuda. Volver a la carpa cuando caía la noche. Dormir sabiendo que mañana sería igual. Las familias dependían completamente de los refugios temporales y de la asistencia humanitaria que llegaba de manera irregular. Algunos tenían acceso a servicios básicos; otros no. La diferencia entre tener un poco y no tener nada era a menudo cuestión de suerte.

Lo que hacía más urgente la situación era que no se trataba de una crisis pasajera. Ocho días después del terremoto, miles de personas seguían sin hogar. Los planes de reconstrucción, si es que existían, no eran visibles desde las carpas de Chiminangos. Las autoridades hablaban de evaluaciones de daños, de presupuestos, de plazos. Mientras tanto, Fernanda Londoño y sus vecinos seguían viviendo en dos metros cuadrados de lona, sonriendo cuando podían, esperando que alguien recordara que estaban allí.

Bienvenidos a mi casa, aquí está todo lo que tengo, es cómoda, perdonen por no tener sillas
— Fernanda Londoño, damnificada en Chiminangos
Möchten Sie die ganze Geschichte? Das Original lesen bei ABC ↗
Kontakt FAQ