Desde el exilio en Miami, el obispo nicaragüense Silvio Báez ofreció el domingo 16 de agosto una reflexión que trasciende la coyuntura política: los regímenes que suprimen la libertad no emergen de la fortaleza, sino de la pobreza interior de quienes los conducen. Báez, expulsado de Nicaragua en 2019 por denunciar la dictadura de Ortega, nombró desde la distancia del destierro una verdad que ha costado cara a cuatro obispos de su país: que la rigidez mental en el poder es síntoma de heridas no resueltas, y que esas heridas, cuando se trasladan a los pueblos, se convierten en tragedia colectiva
Obispo Báez critica regímenes que arrebatan dignidad: "mentes empobrecidas"
Detrás de los regímenes que arrebatan dignidad hay mentes empobrecidas
¿Por qué un obispo exiliado elige hablar de mentes empobrecidas en lugar de simplemente condenar la dictadura?
Porque ha vivido lo suficiente para saber que la tiranía no viene de la inteligencia sino de la incapacidad de pensar. La pobreza mental es más precisa que la maldad.
¿Qué quiso decir exactamente con que la rigidez mental oculta heridas no resueltas?
Que los hombres que construyen dictaduras generalmente son hombres rotos. Su necesidad de control absoluto es síntoma de algo que les falta, no de algo que les sobra.
¿Cómo es posible que cuatro obispos de un mismo país estén exiliados?
Es lo que sucede cuando la iglesia se atreve a hablar por los que no pueden hablar. El régimen no tolera esa voz.
¿Cree que su mensaje llegará a quienes gobiernan?
Probablemente no. Pero llegará a quienes sufren, y eso es lo que importa. Les dice que su dolor es visto, que no están solos.
¿Por qué termina con esperanza en lugar de con advertencia?
Porque la advertencia ya fue hecha. Lo que la gente necesita ahora es saber que hay compasión más allá del sufrimiento, que Dios es más grande que cualquier régimen.
Le Pouls
- Cuatro obispos nicaragüenses viven hoy dispersos en el exilio, señal de hasta dónde ha llegado el régimen de Ortega en su voluntad de silenciar las voces que lo interpelan.
- Báez identificó un patrón peligroso: líderes encerrados en el pensamiento único que desmantelan instituciones democráticas bajo el pretexto de representar al pueblo.
- La homilía amplió la crítica más allá de Nicaragua, advirtiendo que la intolerancia, el racismo y el desprecio al diferente son formas de exclusión que corroen la convivencia en cualquier sociedad.
- El obispo señaló que las ideas sin amor —ya sean políticas, religiosas o intelectuales— siempre desembocan en nuevas idolatrías e inhumanidad.
- Frente a la denuncia, Báez ofreció una salida: escuchar al otro, vivir abiertos a la realidad y confiar en que la compasión de Dios supera todas las barreras que el poder humano construye.
Desde el exilio en Miami, el obispo nicaragüense Silvio Báez ofreció el domingo 16 de agosto una reflexión que trasciende la coyuntura política: los regímenes que suprimen la libertad no emergen de la fortaleza, sino de la pobreza interior de quienes los conducen. Báez, expulsado de Nicaragua en 2019 por denunciar la dictadura de Ortega, nombró desde la distancia del destierro una verdad que ha costado cara a cuatro obispos de su país: que la rigidez mental en el poder es síntoma de heridas no resueltas, y que esas heridas, cuando se trasladan a los pueblos, se convierten en tragedia colectiva. Su homilía fue a la vez denuncia y esperanza: recordó que el grito desde el dolor nunca es inútil, y que la compasión es más grande que cualquier muro que los hombres puedan levantar.
El domingo 16 de agosto, en una parroquia de Miami, Monseñor Silvio Báez predicó con el peso de siete años de exilio. Obispo auxiliar de Managua expulsado de Nicaragua en 2019 por criticar la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, Báez es uno de cuatro obispos nicaragüenses que hoy viven fuera de su país por haber levantado la voz. Desde esa distancia, tomó el evangelio de la mujer cananea como punto de partida para nombrar lo que ha visto desde adentro.
Su diagnóstico fue claro: los regímenes que arrebatan libertad y dignidad no nacen de mentes fuertes, sino de mentes empobrecidas, casi siempre marcadas por heridas no resueltas. Cuando esa rigidez mental se traslada al gobierno de los pueblos, se convierte en tragedia. Líderes incapaces de escuchar, obsesionados con el poder, viven en un mundo paralelo ajeno al sufrimiento de quienes gobiernan. Bajo el pretexto de ser los únicos representantes legítimos del pueblo, desmantelan instituciones e imponen la dictadura del pensamiento único.
Báez extendió la crítica más allá de lo político: la religiosidad excluyente, la ética sin bondad y la intelectualidad sin sabiduría son igualmente inútiles e inhumanas. Las ideas sin amor, advirtió, siempre desembocan en nuevas idolatrías. Lo que falta, en todos estos casos, es la capacidad de escuchar al diferente y vivir abiertos a la realidad con sus dolores y contradicciones.
Pero el obispo no cerró en la denuncia. Recordó que nunca es inútil gritar desde el dolor o el fracaso, y que la compasión de Dios supera todas las barreras que los hombres construyen. Era una palabra para quienes sufren bajo regímenes que les han quitado la dignidad, y también para quienes gobiernan: que aún hay tiempo para escuchar, para cambiar, para sanar.
El domingo 16 de agosto, en una pequeña parroquia de Miami, un obispo nicaragüense pronunció palabras que llevaban el peso de siete años de exilio. Monseñor Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua, estaba reflexionando sobre el evangelio de la mujer cananea cuando decidió nombrar lo que había visto desde adentro: los regímenes que arrebatan la libertad no nacen de mentes fuertes, sino de mentes empobrecidas.
Báez fue expulsado de Nicaragua en 2019 por atreverse a criticar la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Es uno de cuatro obispos nicaragüenses que ahora viven fuera de su país, dispersos en el exilio por haber levantado la voz. Desde esa distancia, desde ese dolor, predicó lo que ha aprendido: que la rigidez mental en quienes gobiernan no es fortaleza sino síntoma de pobreza humana, casi siempre enraizada en heridas que nunca fueron sanadas.
En su homilía, Báez fue directo. Dijo que cuando esa rigidez mental se traslada al terreno de los pueblos, se convierte en tragedia. Los regímenes que se imponen arrebatando dignidad y libertad siempre están dirigidos por hombres y mujeres incapaces de escuchar, incapaces de dialogar, obsesionados únicamente con sus propias ambiciones de poder. Estos líderes, encerrados en sus propias ideas, viven en un mundo paralelo, ignorando la realidad que sufren sus pueblos.
El obispo señaló un patrón que ha visto repetirse: bajo el pretexto de ser los únicos capaces de representar al pueblo, estos regímenes desmantelan las instituciones democráticas e imponen lo que llamó la dictadura del pensamiento único. La intolerancia, el totalitarismo, el racismo, el desprecio hacia el extranjero o hacia otras religiones son todas formas de exclusión que erosionan la convivencia humana. Ideas sin amor, advirtió, son siempre dañinas. Desembocan en nuevas idolatrías.
Báez fue más allá de la política. Habló de la religiosidad excluyente, de la ética vacía de bondad, de la intelectualidad sin sabiduría. Todas estas cosas, dijo, son inútiles e inhumanas. Lo que falta en los regímenes autoritarios es la capacidad de escuchar a otros aunque piensen diferente, de vivir abiertos a la realidad con sus dolores y contradicciones.
Pero el obispo no terminó en la denuncia. Cerró su homilía con una invitación. El evangelio del domingo, dijo, nos enseña que nunca es inútil gritar desde nuestro dolor, desde nuestras preocupaciones, desde nuestros fracasos. Jesús nos acogerá siempre con la compasión infinita de Dios, una compasión que supera todas las barreras que los hombres puedan construir y es más grande que todos los males que puedan hacer. Era una palabra dirigida a quienes sufren bajo regímenes que les han arrebatado la dignidad, pero también una palabra dirigida a quienes gobiernan: que aún hay tiempo para escuchar, para cambiar, para sanar.
Citations marquantes
La rigidez mental revela pobreza humana y casi siempre oculta heridas no resueltas— Monseñor Silvio Báez
Detrás de los regímenes que se imponen arrebatando la dignidad y la libertad siempre hay mentes empobrecidas, intolerantes, incapaces de escuchar y dialogar— Monseñor Silvio Báez