En el umbral de lo que podría ser la mayor salida a bolsa de la historia, Anthropic —la empresa de inteligencia artificial fundada hace apenas cinco años— aspira a recaudar cien mil millones de dólares y alcanzar una valoración de dos billones. Nvidia, arquitecto silencioso de la infraestructura que hace posible la IA moderna, estudia convertirse en su inversor principal con hasta diez mil millones de dólares. Este movimiento no es solo financiero: es la señal de que la industria tecnológica está reescribiendo las reglas sobre qué vale una idea y quién controla el futuro.