Durante décadas, la neurociencia asumió que el cerebro humano emergía de un único punto de origen. Un equipo de Stanford Medicine, publicando en Nature Neuroscience, propone ahora que ese órgano que llamamos cerebro es en realidad la fusión de dos sistemas nerviosos distintos, cada uno con su propio linaje embrionario. Este hallazgo no solo reescribe una premisa fundamental de la biología del desarrollo, sino que ilumina por qué ciertas neuronas han sido tan difíciles de recrear en el laboratorio: se intentaba transformar lo que la naturaleza había sellado desde el principio.