Nuevo estudio revela que el café modifica la microbiota intestinal y mejora el estado de ánimo

El café es más que cafeína: interactúa con nuestros microbios intestinales y bienestar emocional
El profesor John Cryan explica cómo la bebida afecta múltiples sistemas del cuerpo más allá de su contenido de cafeína.
Mark

¿Por qué este estudio es diferente de lo que ya sabíamos sobre el café?

Mimi

Porque por primera vez examinaron en detalle cómo el café interactúa con las bacterias intestinales y cómo eso afecta el cerebro. No solo midieron cafeína; miraron todo el sistema.

Luke

Pero el estudio fue pequeño, ¿verdad? Sesenta y dos personas, divididas en grupos aún más pequeños. ¿Podemos generalizar eso a millones de bebedores de café?

Mimi

No, ese es exactamente el punto. Los autores dicen que se necesitan más investigaciones. Este es un paso, no una conclusión definitiva.

Mark

¿Qué significa que el café descafeinado mejoró la memoria pero el regular mejoró la atención?

Mimi

Sugiere que diferentes componentes del café hacen cosas diferentes. Los polifenoles podrían estar detrás de la memoria, mientras que la cafeína afecta la atención.

Luke

Pero eso es especulación. El estudio no probó eso directamente. Podrían ser otros factores: mejor sueño, más ejercicio, familiaridad con las pruebas.

Mark

¿Entonces el café es bueno o malo para la salud mental?

Mimi

Según este estudio, ambas versiones redujeron el estrés y los síntomas depresivos. Pero los autores fueron claros: esto no significa que sea un tratamiento para la depresión.

Luke

Y eso es importante. Los cuestionarios miden percepción, no diagnóstico clínico. No podemos decir que el café cura la depresión.

Mark

¿Qué pasa con esas bacterias que encontraron? ¿Son definitivamente beneficiosas?

Mimi

Se han asociado con cosas buenas, como eliminar infecciones. Pero el estudio no demostró que el café realmente elimine infecciones en estos participantes.

Luke

Exacto. Correlación, no causalidad. Y el estudio mismo dice que no todas las bacterias detectadas son necesariamente beneficiosas.

  • El estudio desafía la creencia popular de que los beneficios del café se explican únicamente por la cafeína, abriendo un frente de incertidumbre científica sobre sus mecanismos reales.
  • Cuando los participantes dejaron de consumir café durante dos semanas, aumentaron marcadores inflamatorios como la proteína C reactiva y el TNF-alfa, evidenciando cuánto el cuerpo ya había adaptado su biología a la bebida.
  • El café descafeinado mejoró memoria y aprendizaje, mientras que el convencional redujo ansiedad y agudizó la atención, sugiriendo que ambas versiones actúan sobre el cerebro por rutas distintas pero complementarias.
  • Los investigadores identificaron cambios en bacterias intestinales específicas vinculadas al metabolismo biliar y al estado emocional, aunque advierten que no todos esos cambios son necesariamente beneficiosos.
  • El equipo subraya que se necesitan estudios a largo plazo antes de recomendar el café como intervención terapéutica, dejando el hallazgo en un territorio prometedor pero aún inconcluso.

Desde hace siglos, el café acompaña el despertar humano, pero un estudio de la University College Cork publicado en Nature Communications revela que su influencia va mucho más allá del estímulo de la cafeína: la bebida transforma la microbiota intestinal y, a través del eje intestino-cerebro, modula el estado de ánimo, la atención y la memoria. Lo que antes se atribuía a una sola molécula resulta ser el trabajo silencioso de polifenoles, bacterias y metabolitos que dialogan con el cerebro de formas que apenas comenzamos a descifrar. El hallazgo no ofrece respuestas definitivas, sino una invitación a contemplar con mayor humildad lo que ocurre dentro de nosotros con cada sorbo cotidiano.

Millones de personas levantan su taza cada mañana sin imaginar la complejidad de lo que desencadenan. Un estudio de la University College Cork, publicado en abril de 2026 en Nature Communications, demuestra que el café no solo despierta la mente a través de la cafeína: también reconfigura las bacterias del intestino y, mediante el eje intestino-cerebro, influye en el humor, la cognición y la respuesta emocional.

El equipo del profesor John Cryan trabajó con 62 adultos sanos de entre 30 y 50 años. Tras dos semanas de abstinencia, un grupo retomó café con cafeína y otro café descafeinado durante 21 días, sin saber cuál versión recibía. Los resultados mostraron que ambas versiones redujeron el estrés percibido, los síntomas depresivos y la impulsividad. Sin embargo, el café convencional se asoció con menor ansiedad y mejor atención, mientras que el descafeinado produjo mejoras notables en memoria y aprendizaje, incluyendo ejercicios de recuerdo de palabras y reconocimiento de patrones visuales.

En el intestino, los cambios fueron igualmente llamativos. Los consumidores habituales presentaban mayor abundancia de bacterias como Cryptobacterium curtum y especies de Eggerthella, vinculadas al metabolismo de ácidos biliares y, en algunos casos, a emociones positivas. Al suspender el café, disminuyeron metabolitos asociados a los polifenoles de la bebida y aumentaron marcadores inflamatorios. Al reintroducirla, esas concentraciones se recuperaron, independientemente de si el café contenía cafeína.

Los investigadores son cautelosos: los cambios en el estado de ánimo provienen de cuestionarios, no de diagnósticos clínicos, y no todos los cambios bacterianos detectados son necesariamente beneficiosos. El profesor Cryan describe el café como un factor alimentario complejo que interactúa con microbios, metabolismo y bienestar emocional, y señala que podría integrarse como apoyo dentro de una dieta equilibrada. Aun así, el estudio deja claro que hacen falta más investigaciones para entender los efectos a largo plazo de lo que, para muchos, es simplemente el primer ritual del día.

Millones de personas comienzan el día con una taza de café, pero lo que ocurre dentro del cuerpo después de ese primer sorbo es más complejo de lo que la mayoría imagina. Un nuevo estudio de la University College Cork en Irlanda, publicado en abril de 2026 en la revista Nature Communications, sugiere que esta bebida milenaria interactúa con nuestras bacterias intestinales de formas que repercuten en el estado de ánimo, la cognición y hasta en cómo nuestro cerebro procesa la información. Y lo más sorprendente: estos efectos no dependen únicamente de la cafeína.

La investigación, financiada por el Institute for Scientific Information on Coffee, examinó por primera vez en detalle lo que los científicos llaman el eje intestino-cerebro, un sistema de comunicación bidireccional donde la microbiota intestinal y el cerebro se influyen mutuamente. El equipo dirigido por el profesor John Cryan, investigador principal de APC Microbiome Ireland, trabajó con 62 adultos sanos de entre 30 y 50 años. Dividieron a los participantes en dos grupos: 31 que no consumían café y 31 que bebían entre tres y cinco tazas diarias. Luego pidieron a los consumidores habituales que dejaran de tomar café durante dos semanas. Después, 16 de ellos recibieron café con cafeína y 15 descafeinado durante 21 días adicionales, sin saber cuál versión estaban consumiendo. Cada día tomaban cuatro sobres de café instantáneo de 1.8 gramos cada uno. Los investigadores utilizaron cuestionarios psicológicos, pruebas cognitivas y muestras biológicas para rastrear los cambios.

Los hallazgos revelaron que tanto el café con cafeína como el descafeinado produjeron reducciones en el estrés percibido, los síntomas depresivos y la impulsividad después de que los participantes reanudaron su consumo. Sin embargo, es importante notar que estas mediciones provienen de cuestionarios y no significan que el café sea un tratamiento para la depresión. Curiosamente, cuando los investigadores compararon inicialmente a los consumidores habituales con quienes no bebían café, encontraron que los primeros mostraban mayor impulsividad y reactividad emocional, indicadores que disminuyeron durante el período de abstinencia. El café con cafeína específicamente se asoció con menores puntuaciones de ansiedad y mejoras en pruebas de atención y procesamiento de información.

En el intestino, los cambios fueron igualmente notables. Los consumidores habituales de café presentaban una mayor abundancia de bacterias específicas, incluyendo Cryptobacterium curtum, especies de Eggerthella y bacterias del grupo Firmicutes. Estas especies se han vinculado con la eliminación de infecciones estomacales y bacterias intestinales nocivas, así como con procesos biológicos como el metabolismo de los ácidos biliares. Una bacteria del grupo Firmicutes incluso se ha asociado previamente con emociones positivas en mujeres. Cuando los participantes suspendieron el café durante dos semanas, ciertos metabolitos disminuyeron. Al reintroducir la bebida, los investigadores identificaron nuevas variaciones en las poblaciones bacterianas, independientemente de si contenía cafeína o no. Es crucial aclarar que el estudio no demostró que estos cambios eliminen infecciones intestinales ni que todas las bacterias detectadas sean necesariamente beneficiosas.

Uno de los hallazgos más sorprendentes fue que solo los participantes que recibieron café descafeinado mostraron mejoras significativas en pruebas de memoria y aprendizaje, incluyendo ejercicios de recuerdo de palabras y tareas de identificación de patrones visuales. Los científicos sugieren que esto podría relacionarse con componentes del café distintos de la cafeína, como los polifenoles, sustancias vegetales presentes en la bebida. Sin embargo, reconocen que otros factores como mejor calidad del sueño, mayor actividad física o familiaridad con las pruebas también pudieron influir en el desempeño.

La investigación también examinó los polifenoles del café, compuestos cuyo metabolismo depende de las bacterias intestinales. Después de dos semanas sin consumir café, disminuyeron varios metabolitos asociados con estos compuestos. Cuando los participantes retomaron la bebida, las concentraciones volvieron a aumentar, tanto con café convencional como descafeinado. Los investigadores también identificaron variaciones en marcadores relacionados con la inflamación y la respuesta inmunitaria. Por ejemplo, después de suspender el café aumentaron los niveles de proteína C reactiva y TNF-alfa, dos indicadores de procesos inflamatorios.

El profesor Cryan explicó que el café es mucho más que cafeína: es un factor alimentario complejo que interactúa con los microbios intestinales, el metabolismo y el bienestar emocional. Señaló que los hallazgos sugieren que el café, ya sea con cafeína o descafeinado, puede influir en la salud de maneras distintas pero complementarias. A medida que más personas buscan cambios en su alimentación para lograr equilibrio digestivo, el café podría utilizarse como una intervención adicional dentro de una dieta sana y equilibrada.

Por ahora, los resultados permiten comprender mejor la relación entre el consumo de café, la microbiota intestinal y el cerebro, pero los investigadores subrayan que se necesitan más estudios para determinar los efectos a largo plazo. El trabajo abre preguntas sobre cómo diferentes componentes del café podrían aprovecharse de manera más específica para beneficios de salud, pero también subraya la complejidad de lo que ocurre en nuestro cuerpo cuando levantamos esa taza cada mañana.

El café es más que simple cafeína: es un factor alimentario complejo que interactúa con nuestros microbios intestinales, nuestro metabolismo e incluso nuestro bienestar emocional
— Profesor John Cryan, investigador principal de APC Microbiome Ireland
Nuestros hallazgos sugieren que el café, ya sea con cafeína o descafeinado, puede influir en la salud de maneras distintas, pero complementarias
— Profesor John Cryan
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