En la sede de Naciones Unidas en Nueva York, el Consejo de Seguridad celebró una segunda votación exploratoria para medir el apoyo a ocho candidatos que aspiran a suceder a António Guterres cuando su mandato concluya el 31 de diciembre. América Latina, región que reclama su turno en la tradición de alternancia geográfica, concentra la mayoría de los aspirantes, entre ellos Rebeca Grynspan, quien lidera la carrera tras la primera ronda de julio. La elección transcurre en un momento de fragilidad institucional para la ONU, con el multilateralismo bajo presión y las grandes potencias con veto aún
Nueva votación exploratoria para elegir secretario general de la ONU con candidatos mayoritariamente latinoamericanos
Es demasiado pronto para lograr un consenso
¿Por qué la ONU necesita hacer estas votaciones exploratorias en lugar de simplemente elegir al siguiente secretario general?
Porque el Consejo de Seguridad necesita medir el terreno antes de comprometerse. Estas votaciones indicativas permiten que los miembros vean quién tiene apoyo real sin quedar atrapados públicamente en una posición. Es una forma de negociación silenciosa.
¿Y por qué América Latina tiene tantos candidatos esta vez?
Porque existe una tradición de rotación geográfica. Cada continente tiene su turno. América Latina no ha tenido un secretario general en décadas, así que ahora reclama el puesto. Además, hay presión para que sea una mujer, lo que amplifica el número de candidatos de la región.
Rebeca Grynspan lidera después de la primera votación. ¿Eso significa que ganará?
No necesariamente. Los analistas esperan que la distribución de votos cambie significativamente en la próxima ronda. Las grandes potencias aún no han mostrado sus cartas. Algunos candidatos podrían retirarse si ven que no tienen futuro.
¿Qué pasa si nadie logra nueve votos?
Entonces el proceso continúa. Podrían surgir nuevos candidatos. Rusia ya sugirió que si los actuales se estancan, podría haber otras figuras. Es un juego de espera.
¿Importa quién sea secretario general en este momento?
Mucho. La ONU está debilitada, dividida, bajo presión financiera. El próximo secretario general hereda una organización que lucha por influir en conflictos mayores. Necesita ser alguien que pueda navegar entre potencias hostiles y mantener la credibilidad de la organización.
El Pulso
- La ONU atraviesa una de sus peores crisis institucionales: el Consejo de Seguridad dividido, las finanzas precarias y la influencia de la organización erosionada bajo la presión del gobierno de Donald Trump.
- Ocho candidatos compiten por la secretaría general en votaciones anónimas a puerta cerrada, donde cada miembro del Consejo asigna apoyo, rechazo o indefinición a cada aspirante.
- Rebeca Grynspan de Costa Rica encabeza la carrera, pero su ventaja es frágil: los analistas anticipan cambios significativos en la distribución de votos respecto a la primera ronda de julio.
- Las cinco potencias con derecho a veto —Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia— guardan silencio estratégico, dejando la contienda en una incertidumbre que podría prolongarse semanas o meses.
- Si el proceso se estanca, el representante ruso advirtió que podrían emerger candidatos completamente nuevos, abriendo la posibilidad de que la carrera se reinicie desde cero.
En la sede de Naciones Unidas en Nueva York, el Consejo de Seguridad celebró una segunda votación exploratoria para medir el apoyo a ocho candidatos que aspiran a suceder a António Guterres cuando su mandato concluya el 31 de diciembre. América Latina, región que reclama su turno en la tradición de alternancia geográfica, concentra la mayoría de los aspirantes, entre ellos Rebeca Grynspan, quien lidera la carrera tras la primera ronda de julio. La elección transcurre en un momento de fragilidad institucional para la ONU, con el multilateralismo bajo presión y las grandes potencias con veto aún sin revelar sus preferencias, recordándonos que el poder global rara vez se entrega sin silencio calculado.
El viernes, los quince miembros del Consejo de Seguridad de la ONU se reunieron en Nueva York para una segunda votación exploratoria, evaluando a ocho candidatos que aspiran a suceder a António Guterres cuando su mandato termine el 31 de diciembre. La votación fue anónima: cada miembro asignó a cada aspirante una calificación de apoyo, rechazo o indefinición. Christina Lassen, embajadora de Dinamarca y presidenta rotativa del Consejo, fue escueta al concluir la sesión, limitándose a confirmar que los resultados serían comunicados a los candidatos a través de sus gobiernos.
Lo que distingue esta contienda es su marcado carácter latinoamericano. La mayoría de los aspirantes provienen de la región, que reclama su turno según la tradición no escrita de alternancia geográfica en la secretaría general. Cinco mujeres y tres hombres compiten por el cargo, y muchos gobiernos presionan para que por primera vez una mujer dirija la organización. Rebeca Grynspan, exvicepresidenta de Costa Rica y actual directora de la UNCTAD, lidera la carrera tras la primera votación del 30 de julio, seguida por figuras como Michelle Bachelet, Rafael Grossi y Carolyn Rodrigues-Birkett, entre otros.
Sin embargo, el liderazgo de Grynspan es precario. Analistas del International Crisis Group advierten que los diplomáticos esperan cambios importantes respecto a julio, mientras las grandes potencias con poder de veto permanecen en silencio estratégico. El embajador de la República Democrática del Congo declaró que es demasiado pronto para hablar de consenso, y el representante ruso sugirió que si ningún candidato logra despegar, podrían surgir nuevas figuras en la contienda.
La elección ocurre en un momento de profunda fragilidad para la ONU: el multilateralismo se debilita, el Consejo permanece dividido y los recortes presupuestarios amenazan operaciones humanitarias y de paz. Para ganar, un candidato necesita al menos nueve votos del Consejo sin sufrir ningún veto, antes de pasar a la Asamblea General. Nadie se atreve a hacer pronósticos. La próxima votación indicativa promete revelar lo que las primeras rondas dejaron deliberadamente en la sombra.
El viernes, a puerta cerrada en la sede de Nueva York, los quince miembros del Consejo de Seguridad de la ONU se reunieron para una segunda ronda de votación exploratoria. Su tarea: medir el apoyo a ocho candidatos que aspiran a ocupar el cargo de secretario general cuando António Guterres, el portugués de 77 años que ha liderado la organización durante una década, termine su mandato el 31 de diciembre.
La votación fue anónima. Cada miembro del Consejo asignó a cada aspirante una de tres calificaciones: apoyo, rechazo u opinión sin definir. Los resultados serían comunicados a los candidatos a través de sus respectivos gobiernos. Christina Lassen, embajadora de Dinamarca y presidenta rotativa del Consejo, fue breve al resumir el proceso: «Se informará a los candidatos de los resultados a través de los respectivos representantes permanentes de los Estados miembros que los han nominado. Eso es todo lo que tengo que decir hoy». El Consejo aún estudia cuándo convocar a una tercera votación.
Lo que distingue esta contienda es su composición geográfica. Cinco mujeres y tres hombres compiten por el puesto, y la mayoría proviene de América Latina. Esto responde a una tradición no escrita pero ampliamente respetada en la ONU: la secretaría general rota entre continentes. Esta vez, América Latina reclama su turno. Además, muchos gobiernos presionan para que por primera vez una mujer dirija la organización.
Rebeca Grynspan, exvicepresidenta de Costa Rica y actual directora de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, encabeza la carrera tras la primera votación del 30 de julio. Con 70 años, superó a otros candidatos de peso: Carolyn Rodrigues-Birkett, excanciller de Guyana de 52 años; Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de Energía Atómica y argentino de 65 años; Michelle Bachelet, expresidenta chilena y exalta comisionada de Derechos Humanos de 74 años; María Fernanda Espinosa, excanciller ecuatoriana de 61 años; Olara Otunnu, diplomático ugandés de 75 años; Macky Sall, expresidente senegalés de 64 años; e Ivonne A-Baki, diplomática ecuatoriana y exministra de Comercio de 75 años.
Pero el liderazgo de Grynspan es frágil. Daniel Forti, analista del International Crisis Group, advirtió que los diplomáticos esperan cambios significativos en la distribución de votos respecto a julio. Las grandes potencias con poder de veto—Reino Unido, China, Francia, Rusia y Estados Unidos—podrían estar esperando el momento adecuado para revelar sus preferencias. Mientras tanto, algunos candidatos podrían descubrir que sus campañas han llegado a su fin.
La incertidumbre es profunda. Zenon Ngay Mukongo, embajador de la República Democrática del Congo, fue directo: «Es demasiado pronto para lograr un consenso». Vassili Nebenzia, representante permanente de Rusia, fue más allá: sugirió que si ninguno de los candidatos actuales logra despegar, podrían surgir nuevas figuras en la contienda.
Esta elección ocurre mientras la ONU enfrenta una de sus peores crisis institucionales. El multilateralismo se debilita. El Consejo de Seguridad permanece dividido. Las finanzas son precarias. Bajo la presión del gobierno estadounidense de Donald Trump, que cuestiona regularmente el papel y el financiamiento de la organización, la ONU ha perdido influencia en conflictos mayores. Los recortes presupuestarios amenazan sus operaciones humanitarias y de paz.
Para ganar, un candidato necesita al menos nueve votos del Consejo de Seguridad sin sufrir un veto de ninguna de las cinco potencias permanentes. Luego, el nombre se somete a la Asamblea General, que en la práctica aprueba la recomendación. El proceso podría extenderse semanas o meses. Nadie se atreve a hacer pronósticos. Las preferencias de los miembros del Consejo, especialmente las de las grandes potencias, permanecen difusas. Lo único seguro es que la próxima votación indicativa revelará mucho más de lo que la primera dejó en la sombra.
Citas Notables
Se informará a los candidatos de los resultados a través de los respectivos representantes permanentes de los Estados miembros que los han nominado— Christina Lassen, embajadora de Dinamarca ante la ONU
Si ninguno de los candidatos actuales logra despegar, podrían surgir nuevas figuras en la contienda— Vassili Nebenzia, representante permanente de Rusia ante la ONU