Noventa años después de su formación, las Brigadas Internacionales permanecen como símbolo poderoso de una causa que, sin embargo, nunca logró articularse en fuerza real: el antifascismo global de los años treinta fue más aspiración moral que proyecto político coherente. Frente a decenas de miles de voluntarios que cruzaron fronteras por convicción, los regímenes fascistas movilizaron recursos estatales masivos sin ambigüedad ni división interna. La historia de las Brigadas es, en el fondo, la historia de una solidaridad genuina atrapada entre las contradicciones de sus propios aliados y la co