En los pasillos de la terminal 2 del AICM, el senador morenista Gerardo Fernández Noroña fue alcanzado el domingo por algo que ningún protocolo de seguridad puede detener del todo: la voz de ciudadanos que se sienten ignorados. El episodio, breve en duración pero amplio en resonancia, revela la fragilidad del vínculo entre representantes y representados cuando la desconfianza se ha sedimentado en el ánimo público. Noroña siguió caminando; México siguió hablando.