Niños amputados de Gaza encuentran libertad y sanación en clases de natación

Decenas de menores en Gaza han sufrido amputaciones de extremidades; la ONU calcula 42.000 personas con heridas que cambiaron sus vidas desde octubre de 2023, con un 25% siendo menores de edad.
El agua es el único lugar en el que estos niños son libres
Amjed Tantish, instructor de natación, explica por qué las clases transforman la experiencia de menores amputados en Gaza.
Mark

¿Por qué el agua funciona de manera tan diferente para estos niños que para otros?

Mimi

Porque en el agua, la gravedad no los castiga. Un niño sin piernas en tierra siente constantemente lo que le falta. En el agua, eso desaparece. El cuerpo flota igual. Se mueve con facilidad. Es el único lugar donde la discapacidad no define cada movimiento.

Mark

¿Qué ven los instructores que cambia en los niños durante la clase?

Mimi

Llegan cerrados, serios, cargados. Pero cuando entran al agua, algo se suelta. Recuperan la risa. Recuperan la energía. Es como si el trauma tuviera menos peso cuando el cuerpo pesa menos.

Mark

¿Cuál es el obstáculo más grande ahora mismo?

Mimi

No es solo la falta de dinero. Es que Israel controla lo que entra y sale de Gaza. Necesitan productos de mantenimiento, vehículos, combustible. Todo requiere autorización. Y hay solo una piscina funcionando en toda la Franja para 2.3 millones de personas.

Mark

¿Qué significa para Ahmed o Saleh poder flotar después de perder una pierna?

Mimi

Significa que su cuerpo vuelve a obedecerles. Significa que no están atrapados. Significa que durante esas horas en el agua, no son víctimas. Son niños que nadan.

Mark

¿Cuánto tiempo creen que pueden mantener esto?

Mimi

Mientras haya dinero. Mientras haya voluntad internacional. Los organizadores ya piensan en invierno, en calentar el agua. Pero todo es provisional. Todo depende de si el mundo sigue mirando.

  • 90 niños y niñas amputados participan en clases de natación dos veces por semana
  • Ahmed al Masri y Saleh al Satari, ambos de 14 años, perdieron sus piernas en 2024 y 2025
  • La ONU calcula 42.000 personas con heridas que cambiaron sus vidas desde octubre de 2023, un 25% menores de edad
  • Solo existe una piscina funcional en toda la Franja de Gaza para estas clases

90 niños y niñas amputados participan en clases de natación dos veces por semana en la única piscina funcional de la Franja de Gaza. Ahmed y Saleh, adolescentes de 14 años que perdieron sus piernas, reportan que el agua les permite sentirse seguros, ligeros y recuperar su alegría infantil.

La ONG Heal Palestine organiza clases de natación para menores amputados y huérfanos en Gaza, ofreciendo un espacio de libertad y recuperación psicológica tras meses de conflicto y desplazamiento.

Ahmed al Masri cierra los ojos en el agua, deja que su cuerpo se relaje hacia atrás, y flota. Un instructor permanece cerca, listo pero sin intervenir. Es apenas su segunda clase de natación. A los 14 años, Ahmed perdió su pierna derecha en julio de 2025 cuando salió a buscar comida para su familia durante los peores días del hambre en Gaza. La herida se complicó en hospitales abarrotados y semidestruidos. Primero le amputaron por debajo de la rodilla. Semanas después, tuvieron que amputar más arriba, a la altura del muslo. Pasó cinco meses en una silla de ruedas. Ahora, en el agua, dice que se siente ligero. "Soy feliz en el agua. Me siento cada vez más seguro y quiero seguir mejorando", cuenta desde Jan Yunis, en el sur de la Franja.

Desde finales de julio, la ONG Heal Palestine y la escuela de natación dirigida por Amjed Tantish, un instructor que lleva más de dos décadas enseñando a nadar en Gaza, organizan clases especiales para menores amputados y huérfanos. El objetivo es simple pero profundo: dar respiro a niños traumatizados por meses de bombardeos, muerte y desplazamiento. "Hay muchos chavales que perdieron sus piernas o brazos o vieron morir a sus padres y hermanos y están sufriendo muchísimo física y psicológicamente. Ya no son niños y queremos que vuelvan a serlo", explica Steve Sosebee, responsable de Heal Palestine. La ONG, creada hace dos años y medio, financia estas clases con donaciones extranjeras y ofrece a decenas de menores educación, tratamiento médico y psicológico, comida y actividades como estas sesiones de natación.

La cifra de trasfondo es abrumadora. La ONU calcula que desde octubre de 2023 aproximadamente 42.000 personas en Gaza han sufrido heridas que les cambiaron la vida. Una cuarta parte de ellas son menores. Gaza ostenta el triste récord mundial de niños amputados en relación a su población. Por ahora, 90 niños y niñas participan en los cursos, que se realizan dos veces por semana en la única piscina funcional de la Franja, ubicada en una casa que Heal Palestine alquiló como oficina. El espacio estaba vacío y deteriorado, pero fue rehabilitado para estas clases. "La idea es que los más afectados por tanta destrucción y muerte vayan superando el trauma. El agua es el único lugar en el que estos niños son libres, donde su condición les pesa menos y no sienten los límites", señala Tantish en una entrevista telefónica, ya que Israel no permite que la prensa extranjera entre en Gaza.

Saleh al Satari, también de 14 años, vive desplazado en Al Mawasi tras perder su pierna izquierda en un bombardeo israelí en julio de 2024. "Al principio tenía miedo, pero aprender a nadar ha cambiado muchas cosas en mí. Me siento más fuerte y con más energía", dice. "En el agua siento que recupero el movimiento. Todo es más fácil, más leve y el miedo permanente a caerme desaparece". Rahaf Abu Aathra, de ocho años, perdió un pie al ser atropellada por un camión. En su segunda clase, ya está aprendiendo a flotar. "En el agua siento que me muevo más rápido y eso me hace perder el miedo", comenta.

Tantish insiste en que la discapacidad no limita el aprendizaje. "Todo el mundo puede aprender a nadar, aunque le falten las piernas o los brazos", recalca. Para estas clases especiales, reserva a sus monitores más experimentados: seis hombres y seis mujeres. La proporción es mucho más cercana que en una clase ordinaria: un entrenador para dos o tres niños, en lugar de siete. Uno de los monitores sufrió la amputación de una pierna siendo pequeño, lo que lo convierte en la persona más adecuada para enseñar a estos menores. Los organizadores notan que algunos niños llegan con dificultades para entender instrucciones, consecuencia de lo que vivieron durante los bombardeos. Pero ven progresos en cada sesión. "Los niños llegan muchas veces con el semblante serio y cerrado, pero se meten en el agua y empiezan a recuperar su energía y su alegría", observa Ibrahim Abu Jarad, de Heal Palestine.

Las limitaciones son enormes. No hay vehículos suficientes para traer a niños del norte de la Franja. El combustible es prohibitivamente caro. Faltan productos de mantenimiento para la piscina; los organizadores esperan poder cambiar el agua una vez por semana con un sistema rudimentario. Todo lo que entra y sale de Gaza requiere autorización israelí. El ejército israelí sigue ocupando más del 50% de la Franja. "La demanda y las necesidades son enormes. Si tuviéramos más medios materiales y más lugares habilitados, podríamos atender a miles de niños", subraya Sosebee. Las clases están programadas para agosto, septiembre y octubre. Los organizadores ya piensan en cómo extender el programa y mantener la piscina funcional durante el invierno calentando el agua. Todo dependerá de los fondos. Pero Sosebee confía en que la solidaridad internacional seguirá llegando. "Los niños de Gaza que mueren o resultan heridos cada día son importantes para mucha gente. Personas que quieren aportar y movilizarse para que sucedan cosas positivas en este lugar del mundo", concluye.

Nadar me ha cambiado la vida. Durante algunas horas me siento ligero y además salgo de la tienda de campaña, huyo del calor, de las moscas y hablo con gente
— Ahmed al Masri, adolescente gazatí de 14 años
En el agua siento que recupero el movimiento. Todo es más fácil, más leve y el miedo permanente a caerme desaparece
— Saleh al Satari, adolescente gazatí de 14 años
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