En La Habana, ante el 65 aniversario de la Dirección de Seguridad Personal del MININT, el régimen cubano escenificó una demostración de continuidad dinástica: Raúl Castro reapareció en público mientras su nieto, conocido como 'El Cangrejo', derramaba lágrimas ante versos que desafiaban los rumores sobre la agonía del exlíder. El acto revela cómo los poderes que envejecen recurren al ritual y la emoción para sostener narrativas que los hechos amenazan con desmoronar.