En 2019, una sustancia icónica de la televisión infantil cruzó la frontera entre el entretenimiento y la ciencia cuando el slime de Nickelodeon viajó a la Estación Espacial Internacional. Allí, sin la tiranía de la gravedad, reveló comportamientos de los fluidos que la Tierra mantiene ocultos, recordándonos que los instrumentos más inesperados pueden abrir ventanas al conocimiento. Lo que millones de niños conocían como diversión se convirtió, en órbita, en datos que podrían definir cómo la humanidad cultiva alimento y gestiona recursos en el espacio profundo.