En el primer semestre de 2026, Nicaragua avanza a un ritmo moderado pero sostenido: su economía acumuló un crecimiento del 3,6%, impulsada por sectores que reflejan la vitalidad del consumo interno y la infraestructura, mientras que los sectores extractivos —especialmente la minería aurífera— acusan el peso de las presiones externas. El Banco Central, fiel a su rol de brújula institucional, proyecta que el año cerrará dentro de un corredor de crecimiento razonable, con una inflación que no amenaza el equilibrio cotidiano de los nicaragüenses.