Cuando un gobierno reforma su constitución para perpetuarse en el poder y silenciar a sus adversarios, las naciones que aún creen en la soberanía popular se ven obligadas a tomar distancia. Nicaragua cerró su embajada en Santo Domingo en septiembre de 2026, consumando una ruptura diplomática que comenzó en julio, cuando República Dominicana llamó a consultas a su embajadora en Managua en respuesta a una reforma constitucional que amplía el mandato de Daniel Ortega y excluye a la oposición de las elecciones. Lo que queda es el silencio entre dos capitales que alguna vez mantuvieron relaciones n