Dos naciones alejadas por geografía pero unidas por décadas de afinidad ideológica conmemoraron, el 19 de agosto en Managua, cuarenta y siete años de relaciones diplomáticas ininterrumpidas. Nicaragua y Corea del Norte, cada una a su manera en los márgenes del orden internacional dominante, han encontrado en ese vínculo una narrativa compartida de resistencia y soberanía. La celebración oficial del FSLN no fue un gesto protocolar sino una afirmación pública de que esa alianza, nacida en 1977, sigue siendo una elección deliberada y no una herencia olvidada.