En un mercado donde las historias compiten por existir, Verónica Fernández, directora de series y cine de Netflix, ha revelado que la plataforma aprueba apenas cuarenta de los más de mil proyectos que recibe cada año. Este umbral del cuatro por ciento no es solo una estadística corporativa: es el reflejo de una industria que concentra el poder narrativo en pocas manos, donde la mayoría de las voces creativas quedan en silencio antes de ser escuchadas. La era del streaming, lejos de democratizar la creación, ha perfeccionado el arte del rechazo.