En el cruce entre la seguridad nacional y el cálculo electoral, Benjamin Netanyahu rechazó el plan de quince puntos propuesto por la administración Trump para Gaza, exigiendo el desarme total de Hamás antes de cualquier retirada israelí. La decisión abre una grieta visible entre Jerusalén y Washington, dos aliados que habían cultivado una coordinación estrecha. Lo que está en juego no es solo un calendario militar, sino la pregunta más antigua de la diplomacia: quién define el precio de la paz y quién paga sus costos.