En medio de una tregua formalmente vigente desde octubre de 2025, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu visitó Gaza para declarar, desde sus propios escombros, que Israel no abandonará el territorio que controla en un 60 por ciento. Sus palabras contradicen el marco de paz supervisado por la administración Trump y revelan cómo la lógica electoral —con comicios previstos para el 27 de octubre— puede redefinir los contornos de un acuerdo internacional. La historia registra, una vez más, que los tratados de paz son tan frágiles como la voluntad política de quienes los firman.