«Necesitamos que la juventud dirija empresas, no solo sea funcionaria»

Las sociedades ricas se vuelven conservadoras, no por principios, sino por proteger lo que tienen
El analista explica por qué Euskadi, aunque se considera de centroizquierda, actúa de manera más conservadora en la práctica.
Mark

¿Por qué insiste en que la emigración es inevitable si casi todos los gobiernos europeos están endureciendo sus políticas?

Mimi

Porque la gente emigra cuando no tiene nada que perder. Puedes construir muros, campos de concentración, políticas duras, pero si en tu país no hay futuro, la gente seguirá intentándolo. Eso ha pasado siempre, incluso cuando emigraban los vascos.

Mark

Pero entonces, ¿qué se supone que deben hacer los gobiernos? ¿Simplemente aceptar la migración masiva?

Mimi

No se trata de aceptar o rechazar. Se trata de gobernar la complejidad. Necesitamos mano de obra porque envejecemos, pero también hay explotación política del tema. La pregunta real es cómo gestionas eso sin introducir dinámicas de miedo.

Mark

Usted menciona que Euskadi es rica pero conservadora. ¿Eso es un problema?

Mimi

No es un problema en sí. Es natural. Cuando tienes trabajo, mandas a tus hijos a la universidad con esfuerzo, no quieres que nada lo ponga en peligro. Pero eso no significa que no tengas recursos para ayudar al 1 o 2 por ciento de tu población.

Mark

¿Qué le preocupa más: la migración o la polarización política?

Mimi

La polarización. Porque mientras los políticos se insultan mutuamente, nadie está resolviendo los problemas reales: pensiones, educación, cambio climático. Es un espectáculo que nos distrae de lo importante.

Mark

Habla de que necesitamos emprendedores jóvenes. ¿Por qué es tan crítico eso para Euskadi?

Mimi

Porque los modelos antiguos de la industria vasca están en declive. Si no encontramos nuevas fortalezas económicas, nos quedamos atrapados. Y eso requiere que gente joven bien formada se atreva a dirigir empresas, no solo busque seguridad en la administración.

Mark

¿Cree que eso es posible en el contexto actual?

Mimi

Depende de si somos capaces de normalizar las tensiones sin rodearlas de pátina ideológica. Eso vale para la migración, para la lengua, para todo. El sentido común debería ser nuestro brújula.

  • La crisis migratoria en Ceuta es solo la punta visible de un fenómeno demográfico imparable: África albergará 2.000 millones de personas en 2050 y sus jóvenes buscarán horizontes donde los haya.
  • Las políticas de mano dura, desde los campos de internamiento de Meloni hasta los discursos de miedo, han demostrado ser ineficaces y generan dinámicas que complican aún más la gestión del fenómeno.
  • Euskadi, con rentas per cápita de más de 40.000 euros, tiene capacidad económica real para integrar a un 1 o 2 por ciento de población migrante, pero la voluntad política se ve bloqueada por el conservadurismo silencioso de quien protege lo que ya tiene.
  • El debate político español ha sustituido el argumento por el insulto, y si el PP llega al poder sin haber construido un relato alternativo, gobernará sobre las ruinas que él mismo contribuyó a crear.
  • Euskadi necesita con urgencia jóvenes emprendedores que lideren empresas, no solo aspirantes a la función pública, mientras infraestructuras clave como el TAV o la autopista Bilbao-San Sebastián permanecen en un limbo inexplicable.

En el cruce entre la demografía global, la economía vasca y la degradación del debate político español, un analista advierte que las sociedades ricas como Euskadi poseen los recursos para gobernar la complejidad migratoria, pero carecen del clima político necesario para hacerlo. La emigración, fenómeno tan antiguo como la necesidad humana, no se detiene con muros ni retórica, sino que exige ser administrada con inteligencia y honestidad. Mientras tanto, una clase política española atrapada en el insulto sistemático deja sin respuesta los grandes desafíos estructurales que definirán el futuro colectivo.

Un analista político plantea que la emigración es un fenómeno estructural e imparable, cuya manifestación más visible en Ceuta responde a tres realidades simultáneas: la necesidad de mano de obra en sociedades envejecidas, la explotación política del tema y la presión demográfica de un continente africano en plena expansión. Ninguna política de contención, por severa que sea, puede detener a quienes no tienen nada que perder. El verdadero reto, sostiene, no es frenar el proceso sino gobernar su complejidad con recursos e inteligencia.

La paradoja vasca resulta reveladora: una sociedad que se percibe a sí misma como de centroizquierda actúa, en la práctica, de forma conservadora. Cuando se vive con relativa estabilidad y se ha logrado dar estudios universitarios a los hijos con gran esfuerzo, el instinto natural es proteger lo conquistado. Y sin embargo, una región con rentas per cápita superiores a los 40.000 euros tiene sobrados recursos para acoger a una fracción mínima de su población sin que ello suponga una amenaza real.

Más allá de la migración, el analista señala la degradación del debate político español como el problema más preocupante. El insulto se ha convertido en el nuevo paradigma de la acción política, y ningún otro país europeo exhibe con tanta naturalidad el desprecio público hacia el presidente del Gobierno. Este relato de negación total resulta insostenible: si el Partido Popular gana las próximas elecciones, no podrá gobernar sobre las ruinas de un discurso que él mismo contribuyó a construir.

En paralelo, Euskadi enfrenta un reto económico que pasa desapercibido: sus modelos industriales tradicionales están en declive y necesita jóvenes bien formados dispuestos a crear y dirigir empresas, no únicamente a buscar seguridad en la administración pública. A ello se suman deudas pendientes en infraestructuras críticas y tensiones universitarias sobre el bilingüismo que, advierte el analista, no deberían recubrirse de ideología cuando la lengua es, ante todo, un instrumento de comunicación.

Un analista político sostiene que la emigración continuará ocurriendo sin importar cuán severas sean las políticas que se implementen para contenerla. Durante una conversación sobre los desafíos que enfrenta la sociedad vasca, argumenta que la crisis migratoria en Ceuta es solo la manifestación más visible de un fenómeno mucho más complejo que entrelaza tres realidades simultáneamente: la necesidad económica de mano de obra en sociedades envejecidas, la explotación política del tema, y la realidad demográfica de un continente africano que albergará 2.000 millones de personas en 2050.

La emigración, explica, no puede detenerse mediante campos de concentración como los que propone la primera ministra italiana Giorgia Meloni, ni tampoco mediante políticas duras de contención. Cuando las personas no tienen nada en sus países de origen, las fronteras y los mares dejan de ser obstáculos. El verdadero desafío no es frenar el proceso, que se ha demostrado imposible, sino gobernar su complejidad. Esto requiere dar respuesta a millones de jóvenes que buscan cumplir las expectativas que se les ha prometido, aunque el proceso genere situaciones complicadas y difíciles. Lo preocupante, señala, es cómo ciertos discursos políticos están introduciendo dinámicas de miedo que complican aún más la gestión del fenómeno.

Este analista observa que la cuestión migratoria ha trascendido las divisiones ideológicas tradicionales. Cuando la primera ministra danesa socialdemócrata se alinea con Meloni para endurecer el discurso migratorio, queda claro que el tema no respeta las categorías políticas convencionales. Lo que resulta inexplicable, sostiene, es que sociedades ricas como Euskadi, con rentas per cápita superiores a 40.000 o 50.000 euros, afirmen no tener recursos para ayudar a un 1 o 2 por ciento de su población. Un análisis de los presupuestos institucionales revela que existen diversas partidas que podrían destinarse a otros fines.

La paradoja vasca, según su análisis, radica en que aunque las encuestas muestran que la sociedad se considera de centroizquierda, en realidad funciona de manera más conservadora. Cuando la gente vive relativamente bien, tiene trabajo estable, logra enviar a sus hijos a la universidad con gran esfuerzo, tiende a proteger lo que tiene. Las sociedades ricas se vuelven conservadoras no por principios ideológicos claros, sino por el deseo de mantener la estabilidad y la seguridad que han alcanzado. Eso es lo que genera cohesión social, no los discursos ideológicos abstractos.

Pero hay otro problema que preocupa más al analista: la degradación del debate político español. La clase política ha convertido el insulto en el nuevo paradigma de la acción política. No existe otro país europeo donde se insulte al presidente del Gobierno de manera tan sistemática en fiestas populares, desde balcones de ayuntamientos y en todo tipo de foros públicos. Un discurso basado durante años en la negación de todo lo que hace el adversario político es insostenible. Si el Partido Popular gana las próximas elecciones y debe gobernar, no puede mantener un relato que afirme que el sanchismo es el origen de todos los males, porque entonces tendrá que construir sobre las ruinas que ha ayudado a crear.

Frente a estos desafíos estructurales, el analista identifica una necesidad que pasa desapercibida en el debate público: Euskadi requiere que jóvenes bien formados dirijan empresas en lugar de buscar únicamente empleos en la administración pública. Los modelos expansivos de la industria tradicional vasca están en declive o enfrentan una competencia internacional que los supera. Es necesario encontrar nuevas fortalezas económicas. Además, hay debates pendientes sobre infraestructuras críticas: la situación del Tren de Alta Velocidad es inexplicable, así como los peajes de la autopista Bilbao-San Sebastián, que mantiene una carretera nacional mediocre a un costo prohibitivo.

Sobre la violencia política y los incidentes durante la final del Mundial, el analista sugiere que a veces se sobredimensionan estos hechos. Aunque reconoce que existe una pérdida de autoridad de la Ertzaintza, señala que este es un fenómeno global, no exclusivamente vasco. Quedó una determinada cultura en algunos sectores tras el final de ETA, pero probablemente sea menos de lo que se piensa, aunque más de lo que se desearía. Finalmente, respecto al conflicto entre la universidad y el Gobierno sobre cuestiones de bilingüismo, advierte contra rodear las tensiones naturales de una pátina ideológica que las complica innecesariamente. La lengua es un instrumento de comunicación, no debería ser generadora de tensiones políticas inmanejables.

La gente emigra porque busca mejores condiciones de vida y eso va a seguir pasando, como ha pasado siempre. Eso va a seguir produciéndose se pongan como se pongan; se hagan campos de concentración como hace Meloni o se apliquen políticas duras de contención.
— Analista político
Necesitamos que gente joven, con buena formación, que hay muchos, se ponga a dirigir empresas y no quieran ser solo funcionarios.
— Analista político
Contact Us FAQ