En agosto de 2026, la NASA confirmó lo que la física ya había anticipado: un cohete Falcon 9 de SpaceX, cumplida su misión de transporte, encontró su destino final en la superficie lunar, dejando una cicatriz de 18 metros que permanecerá intacta durante siglos. El Orbitador de Reconocimiento Lunar capturó las imágenes apenas una semana después del impacto, revelando no solo la huella del choque sino también las capas profundas del subsuelo lunar expuestas por la violencia de la colisión. En un mundo sin viento ni agua que borre el pasado, la Luna se convierte en archivo involuntario de la pres