NASA detecta disminución del fitoplancton en el Pacífico por intensificación de El Niño

La reducción del fitoplancton amenaza la disponibilidad de alimento para comunidades costeras dependientes de pesquerías, como en Perú, donde se han suspendido actividades pesqueras y se observan pelícanos en zonas urbanas buscando alimento.
Los pelícanos hambrientos aparecen en las ciudades costeras
Una señal visible de cómo El Niño altera la cadena alimentaria marina en Perú.
Mark

¿Por qué importa tanto el fitoplancton? Parece algo muy pequeño para causar tanta preocupación.

Mimi

Es pequeño, sí, pero es la base de todo. Sin fitoplancton no hay zooplancton, sin zooplancton no hay peces. Es como si desapareciera el trigo del mundo. Todo lo que depende de él se desmorona.

Mark

¿Y El Niño realmente puede matar el fitoplancton?

Mimi

No lo mata, pero lo debilita. Cuando los vientos alisios pierden fuerza, el agua fría con nutrientes no sube desde el fondo. Es como si cortaras el suministro de agua a un campo. Las plantas no mueren de inmediato, pero dejan de crecer.

Mark

¿Cuánto tiempo durará esto?

Mimi

La NOAA dice que El Niño seguirá intensificándose hasta finales de este año y probablemente persista hasta la primavera de 2027. Así que estamos hablando de meses, no de semanas.

Mark

¿Qué significa eso para los pescadores peruanos?

Mimi

Significa que sus capturas van a caer. Ya el Ministerio de la Producción ha suspendido la pesca varias veces. Y cuando no hay peces, ves pelícanos en las ciudades buscando comida. Son señales de que el sistema está bajo estrés.

Mark

¿Cómo saben todo esto si el fitoplancton es microscópico?

Mimi

Los satélites miden la clorofila en el agua. Es como si midieran el color del océano. Menos clorofila significa menos fitoplancton. Y ahora tienen un satélite nuevo, PACE, que puede ver esto con más detalle que nunca.

  • Los vientos alisios han perdido fuerza y las aguas cálidas se han profundizado, cortando el suministro de nutrientes que el fitoplancton necesita para sobrevivir en el Pacífico ecuatorial.
  • Los satélites de la NASA ya detectan una caída notable en la concentración de clorofila comparada con junio de 2025, señal de que el ecosistema marino está bajo una presión real y creciente.
  • En Perú, la crisis ya tiene rostro humano: pelícanos hambrientos deambulan por ciudades costeras y el gobierno ha suspendido la pesca de anchoveta en múltiples ocasiones para evitar el colapso de las poblaciones.
  • La NOAA proyecta que El Niño persistirá con un 97% de probabilidad hasta la primavera de 2027, lo que amenaza con expandir aún más las zonas empobrecidas de clorofila en todo el Pacífico.
  • La misión PACE de la NASA, con su instrumento hiperspectral OCI, ofrece por primera vez datos sin precedentes para seguir en tiempo casi real cómo responden las distintas comunidades de fitoplancton al fenómeno.
  • Los oceanógrafos advierten que lo aprendido en este episodio podría ser clave para anticipar cómo los océanos responderán a futuros cambios climáticos de mayor escala.

Desde junio de 2026, el fenómeno de El Niño ha comenzado a reescribir en silencio la base de la vida en el Pacífico ecuatorial: el fitoplancton, esos organismos invisibles que sostienen toda la cadena alimentaria marina, mengua ante el calentamiento de las aguas y el debilitamiento de los vientos que normalmente traen nutrientes desde las profundidades. Los satélites de la NASA registran la caída de clorofila como un termómetro del equilibrio oceánico, recordándonos que lo que ocurre en las capas más pequeñas del mar termina por alcanzar las mesas y los puertos de las comunidades costeras.

En junio de 2026, los satélites de la NASA comenzaron a registrar algo preocupante en el Pacífico ecuatorial: la concentración de clorofila caía de manera notable respecto al año anterior. La causa era El Niño. Con él, los vientos alisios se debilitaron, la capa cálida superficial se profundizó y desapareció el afloramiento de aguas frías ricas en nutrientes que normalmente ascienden desde las profundidades. Sin ese aporte, el fitoplancton —base microscópica de toda la cadena alimentaria marina— no puede crecer.

Matthew Kehrli y Graham Trolley, oceanógrafos del Centro Goddard de la NASA, advierten que la situación podría agravarse conforme el fenómeno se intensifique. La NOAA proyecta que El Niño continuará fortaleciéndose hasta finales de 2026 y tiene un 97% de probabilidad de persistir hasta la primavera de 2027, lo que podría ampliar las zonas de baja clorofila en toda la región.

Las consecuencias no son solo científicas. Cuando el fitoplancton escasea, el zooplancton tiene menos alimento, y tras él, los peces, las aves y los mamíferos marinos. En Perú, el Ministerio de la Producción ya ha suspendido la pesca de anchoveta en varias ocasiones. En los puertos y calles de ciudades costeras, pelícanos hambrientos buscan comida a la vista de todos: una señal visible de lo que ocurre bajo el agua.

Para estudiar este episodio, los científicos cuentan con una herramienta sin precedentes: la misión PACE, puesta en órbita en febrero de 2024, cuyo instrumento OCI realiza mediciones hiperespectrales casi diarias en más longitudes de onda que cualquier satélite anterior. Esto permite seguir no solo la distribución del fitoplancton, sino también cómo responden distintas comunidades de organismos al fenómeno. Lo que se aprenda podría iluminar cómo los océanos reaccionarán a los cambios climáticos del futuro.

En junio de 2026, algo comenzó a cambiar en las aguas del Pacífico ecuatorial. Las temperaturas subieron por encima de lo normal. Los vientos que durante décadas habían impulsado un proceso vital para la vida marina perdieron fuerza. Y en los satélites de la NASA, los científicos vieron algo inquietante: menos clorofila en el agua, lo que significa menos fitoplancton, los organismos microscópicos que sostienen casi toda la vida en el océano.

El Niño había llegado, y con él, una alteración en cadena de los ecosistemas marinos del Pacífico. Durante estos episodios, los vientos alisios ecuatoriales del este se debilitan. Cuando eso ocurre, la capa cálida de la superficie oceánica se profundiza, y con ella desaparece algo crítico: el afloramiento de aguas frías cargadas de nutrientes que normalmente suben desde las profundidades. Sin ese aporte de nutrientes, el fitoplancton no puede crecer como debería. Los satélites lo detectan de inmediato, midiendo la concentración de clorofila a en la superficie del agua. En junio de 2026, esa concentración había caído notablemente en el Pacífico central comparada con junio de 2025, cuando las condiciones eran neutras.

Matthew Kehrli y Graham Trolley, oceanógrafos del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, advierten que la situación podría empeorar. Conforme El Niño se intensifique, esperan ver diferencias aún mayores en los valores de clorofila en toda la región, posiblemente zonas cada vez más amplias con concentraciones bajas, o ambas cosas a la vez, dependiendo de cómo se comporten los vientos alisios. El Centro de Predicción del Clima de la NOAA proyecta que El Niño continuará fortaleciéndose hasta finales de 2026 y tiene un 97% de probabilidad de persistir hasta la primavera de 2027 en el hemisferio norte.

Lo que ocurra en el fitoplancton no es un asunto académico. Estos organismos microscópicos son la base de la cadena alimentaria marina. Cuando su población cae, el zooplancton que se alimenta de ellos tiene menos comida. Luego vienen los peces, las aves marinas, los mamíferos. Todo el sistema se tambalea. En Perú, donde la anchoveta es un recurso económico fundamental, esto tiene consecuencias inmediatas. Durante 2026, el Ministerio de la Producción ya ha suspendido la actividad pesquera en varias ocasiones para intentar proteger las poblaciones de peces. En los puertos y las calles de las ciudades costeras, pelícanos hambrientos han comenzado a aparecer, buscando alimento donde pueden encontrarlo. Es una señal visible de lo que está sucediendo bajo el agua.

Para estudiar este episodio de El Niño, los científicos cuentan con una herramienta sin precedentes. La misión PACE de la NASA, puesta en órbita en febrero de 2024, lleva un instrumento llamado OCI que puede tomar mediciones hiperespectrales casi diariamente, cubriendo más longitudes de onda de luz que cualquier satélite anterior. Esto permite a los investigadores no solo seguir los cambios en la distribución del fitoplancton, sino también estudiar cómo responden diferentes comunidades de estos organismos al fenómeno. Los sensores de PACE también pueden analizar pigmentos vegetales, nubes y aerosoles, elementos que también cambian durante El Niño. Kehrli y Trolley subrayan que la comunidad científica podrá observar este evento de 2026 con datos más detallados que nunca antes. Lo que aprendan podría ayudar a entender mejor cómo responden los océanos a estos cambios climáticos, y qué esperar en el futuro.

Esta diferencia podría aumentar conforme avance el fenómeno, manifestándose como mayor disparidad en los valores de clorofila a o zonas cada vez más extensas de menor concentración, dependiendo del comportamiento de los vientos alisios
— Matthew Kehrli y Graham Trolley, oceanógrafos de la NASA
La comunidad científica podrá observar el fenómeno de El Niño de 2026 con datos que abarcan más longitudes de onda de luz que nunca
— Kehrli y Trolley
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