NASA combina datos aéreos y satelitales para medir con precisión el deshielo del Ártico

Los cambios en el hielo marino afectan a comunidades locales árticas y ecosistemas, incluyendo fauna como zorros y liebres árticas.
La combinación de observaciones desde el espacio, el aire y la tierra es esencial
Sahra Kacimi explica por qué la NASA coordinó vuelos aéreos con satélites para validar nuevos sensores árticos.

En abril, sobre el océano Ártico canadiense, investigadores de la NASA a bordo de un avión histórico y satélites en órbita convergieron sobre el mismo hielo a la deriva, buscando medir con mayor fidelidad lo que el planeta está perdiendo. Esta campaña no es solo un ejercicio técnico: es el intento de la ciencia de ponerse a la altura de una transformación que ya reordena ecosistemas, rutas de navegación y la vida cotidiana de comunidades árticas. La precisión que se persigue hoy es la base de decisiones que mañana afectarán a los más vulnerables de una región en acelerado cambio.

  • El hielo marino ártico desaparece a un ritmo que los instrumentos actuales no logran capturar con suficiente exactitud, dejando vacíos críticos en la comprensión científica del fenómeno.
  • En abril, un avión de la Segunda Guerra Mundial voló a 457 metros sobre el Ártico canadiense mientras satélites de la NASA y la ESA pasaban simultáneamente sobre las mismas zonas, creando una red de observación sin precedentes.
  • Medir el espesor del hielo exige conocer al mismo tiempo su altura sobre el agua, la nieve acumulada encima y las emisiones de microondas, lo que obliga a coordinar múltiples agencias espaciales y equipos internacionales.
  • Los datos recopilados servirán para validar los algoritmos de CRISTAL, una misión conjunta NASA-ESA que se lanzará en aproximadamente un año con el objetivo de monitorear el hielo polar con precisión inédita.
  • Más allá de los números, los cambios en el hielo ya afectan a zorros y liebres árticas, a comunidades locales y a rutas de navegación, realidades que la investigadora Sahra Kacimi discutió directamente con líderes y estudiantes de la región.

En abril, un avión de la Segunda Guerra Mundial sobrevoló el océano Ártico canadiense a apenas 457 metros de altitud. A bordo viajaban investigadores de la NASA con instrumentos diseñados para medir el espesor del hielo marino y la nieve acumulada sobre él, mientras satélites pasaban simultáneamente sobre las mismas zonas. La combinación de esas tres perspectivas —el aire, el espacio y la superficie terrestre— es lo que la agencia espera que transforme la comprensión científica del Ártico.

El corazón tecnológico de la campaña es un radiómetro de microondas que actualmente se prueba en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en California. Antes de enviarlo al espacio, los científicos necesitaban validarlo bajo condiciones reales. Sahra Kacimi, responsable de la campaña, explicó la lógica: ninguna medición individual —ni la altura del hielo sobre el agua, ni la profundidad de la nieve, ni las emisiones de microondas— proporciona la respuesta completa. Solo la combinación de las tres permite desarrollar los algoritmos que usarán las futuras misiones.

La coordinación fue internacional y compleja. En la fase sobre Inuvik, los vuelos se sincronizaron con la misión SWOT, desarrollada conjuntamente por la NASA y la agencia espacial francesa. En Cambridge Bay participaron investigadores de la Agencia Espacial Europea, el Instituto Alfred Wegener de Alemania y la Universidad de Calgary, volando bajo las trayectorias de ICESat-2 y CryoSat-2. Todo este esfuerzo es un ensayo para CRISTAL, la misión polar conjunta NASA-ESA que se lanzará dentro de aproximadamente un año.

Pero la campaña no fue solo ciencia de laboratorio trasladada al Ártico. Kacimi se reunió con líderes comunitarios y estudiantes de un campamento STEM para hablar sobre cómo el deshielo transforma sus vidas. Los investigadores también observaron zorros y liebres árticas, recordatorio de que los cambios en el hielo —cada vez menos grueso y duradero— tienen consecuencias para ecosistemas, navegación y comunidades humanas enteras. Las mediciones que la NASA busca perfeccionar no son solo datos: son herramientas para entender una transformación que ya está ocurriendo.

En abril, un avión de la Segunda Guerra Mundial descendió a apenas 457 metros sobre el océano Ártico canadiense. A bordo viajaban investigadores de la NASA con una misión precisa: probar instrumentos que algún día permitirán medir con exactitud la velocidad a la que desaparece el hielo marino de la región. No era un vuelo ordinario. Mientras el avión sobrevolaba el hielo a la deriva cerca de Inuvik y luego el hielo fijo en Cambridge Bay, satélites pasaban simultáneamente sobre las mismas zonas, capturando datos desde el espacio. La combinación de esos tres puntos de vista—el aire, el espacio y la tierra—es lo que la NASA espera que revolucione nuestra comprensión del Ártico.

La agencia espacial estadounidense está perfeccionando un sensor que pronto se lanzará al espacio para medir el espesor del hielo marino con mayor precisión que nunca. El instrumento en cuestión es un radiómetro de microondas que actualmente se prueba en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en el sur de California. Pero antes de enviarlo al espacio, los científicos necesitaban validarlo en el terreno, bajo condiciones reales. Por eso los investigadores llevaron instrumentos similares a bordo del avión histórico durante esas dos semanas de abril. Sahra Kacimi, responsable de la campaña científica, explicó la lógica fundamental: la combinación de observaciones desde el espacio, el aire y los instrumentos de superficie es esencial para desarrollar y validar los algoritmos que usarán las futuras misiones.

Medir el espesor del hielo marino no es tarea simple. Los científicos necesitan conocer tres cosas simultáneamente: la altura del hielo sobre el agua, la profundidad de la nieve acumulada encima, y las emisiones de microondas que emite la superficie. Ninguna medición individual proporciona la respuesta completa. Por eso la NASA coordinó los vuelos de abril con múltiples satélites. En la fase de Inuvik, trabajaron con la misión SWOT, desarrollada conjuntamente por la NASA y la agencia espacial francesa. Aunque ese satélite fue diseñado para cartografiar la altura del agua dulce y marina del planeta, también puede medir la cantidad de hielo marino que sobresale de la línea de flotación. En Cambridge Bay, la coordinación fue aún más compleja: investigadores de la Agencia Espacial Europea, el Instituto Alfred Wegener de Alemania y la Universidad de Calgary volaron bajo las trayectorias de satélites como ICESat-2 de la NASA y CryoSat-2 de la ESA.

Esta campaña de abril es un ensayo para una misión más ambiciosa aún. La NASA y la ESA están desarrollando conjuntamente CRISTAL, una misión polar diseñada específicamente para mejorar las estimaciones del espesor del hielo marino. Los instrumentos que los investigadores probaron en el avión en abril son similares a los que transportará esa futura misión cuando se lance dentro de un año. Cada vuelo, cada medición coordinada, cada algoritmo validado acerca a los científicos a un sistema de monitoreo ártico más preciso.

Pero la precisión científica no es el único propósito de este trabajo. El hielo marino del Ártico ha cambiado dramáticamente en las últimas décadas, tanto en extensión como en espesor. Afinar esas mediciones ayuda a comprender mejor cómo evoluciona el sistema ártico en su conjunto. El hielo no es uniforme: hay hielo que dura una sola temporada y hielo más grueso que puede sobrevivir varios años, aunque este último es cada vez menos común en muchas zonas. Esos cambios tienen consecuencias que van mucho más allá de la ciencia pura. Afectan a los ecosistemas locales, incluyendo animales como zorros y liebres árticas que los científicos observaron durante la campaña. Afectan también a la navegación, a la investigación meteorológica y oceanográfica, y a las comunidades humanas que viven en la región.

Durante la campaña, Kacimi se reunió con líderes comunitarios y estudiantes de un campamento de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas para hablar sobre cómo el deshielo afecta sus vidas cotidianas. Esa conexión entre la investigación científica y las realidades locales es crucial. El calentamiento actual en el Ártico podría tener impacto en la seguridad pública y en los intereses económicos de la región. Las mediciones mejoradas que la NASA espera lograr no son solo números en una pantalla de computadora. Son herramientas para entender un cambio que está transformando una de las regiones más frágiles del planeta.

La combinación de observaciones procedentes del espacio, el aire y los instrumentos de la superficie terrestre es esencial para desarrollar y validar algoritmos para las misiones actuales y futuras
— Sahra Kacimi, responsable de la campaña científica del JPL
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué la NASA necesitaba volar en un avión antiguo cuando ya tiene satélites en órbita?

Model

Porque los satélites ven desde muy arriba y los sensores en tierra ven solo un punto. El avión a 457 metros permite calibrar lo que los satélites miden. Es como comparar una foto aérea con lo que ves caminando en el terreno.

Inventor

¿Y por qué fue tan importante que el avión y los satélites pasaran al mismo tiempo?

Model

Porque el hielo marino cambia constantemente. Si mides desde el aire hoy y desde el satélite mañana, estás midiendo cosas diferentes. Simultáneo significa que ambos instrumentos ven exactamente el mismo hielo en el mismo momento.

Inventor

Mencionaste tres tipos de datos: espaciales, aéreos y terrestres. ¿Qué aporta cada uno?

Model

El satélite ve la forma general y la altura. El avión mide el espesor y la nieve con precisión. Los instrumentos en tierra validan que ambos están en lo correcto. Juntos crean un cuadro completo.

Inventor

¿Cuál es el riesgo si no mejoran estas mediciones?

Model

Que seguiremos viendo el Ártico de manera borrosa. Eso afecta predicciones climáticas, rutas de navegación, y decisiones sobre cómo las comunidades locales se adaptan al cambio. Es como navegar con un mapa impreciso.

Inventor

¿Qué pasa con el hielo que dura varios años?

Model

Es cada vez más raro. El hielo joven se forma y se derrite en una temporada. El hielo viejo, más grueso, solía durar décadas. Ahora casi no existe en muchas zonas. Eso cambia todo el ecosistema.

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