En los márgenes de lo que la medicina ha podido alcanzar, investigadores de la Universidad Estatal de Oregón han encontrado una vía inesperada hacia uno de los tumores más letales que conocemos. Aprovechando la misma ruta que el cerebro usa para nutrirse de glucosa, diseñaron nanopartículas capaces de cruzar la barrera hematoencefálica y acumularse en el tejido canceroso, aumentando en un 50% el tiempo de supervivencia en modelos animales. El glioblastoma, que condena a más del 95% de sus pacientes en menos de cinco años, enfrenta ahora una estrategia que convierte sus propias vulnerabilidades