Durante cinco años consecutivos, el Festival Vive Latino España ha ido tejiendo en Zaragoza algo más difícil que un cartel musical: una promesa de regreso. La quinta edición cerró con el Recinto Expo de Ranillas completamente lleno el 5 de septiembre, señal de que la ciudad ha encontrado en este evento un espejo de su propio apetito cultural. Detrás del éxito inmediato late una pregunta más lenta y más profunda: ¿puede un festival exitoso convertirse en una institución?